UNA AMISTAD QUE DEFINE LA VIDA
💛 UNA AMISTAD QUE DEFINE LA VIDA
«¡Adúlteros! ¿No se dan cuenta de que la amistad con el mundo los convierte en enemigos de Dios? Lo repito: si alguien quiere ser amigo del mundo, se hace enemigo de Dios» (Santiago 4:4 NTV).
Oswald Chambers afirmó en cierta ocasión: «Dios quiere que tengas una relación con Él mucho más íntima que la de simplemente recibir sus regalos». Esta declaración revela una verdad profunda y a menudo olvidada: Dios no desea ser visto únicamente como el dador de bendiciones, sino como el centro de una relación viva, personal y transformadora. Él anhela una comunión estrecha, diaria y profunda con nosotros; una relación en la que reciba nuestra adoración sincera, experimente nuestro amor obediente y ocupe el lugar supremo en nuestras prioridades. Dios desea que nuestros ojos, nuestro corazón y nuestra voluntad estén enfocados en Él, sin distracciones ni rivalidades. Su amistad con nosotros es real, genuina y duradera, tal como lo afirmó Jesús: «Ustedes ahora son mis amigos, porque les he contado todo lo que el Padre me dijo» (Juan 15:15).
A partir de esta verdad, surge una pregunta crucial: ¿qué entiende la Biblia por “el mundo”? En las Escrituras, la palabra griega kósmos, traducida al español como “mundo”, posee diversos significados según el contexto. En esta reflexión nos referimos al kósmos como un sistema u organización: el entramado político, social, cultural y económico que funciona deliberadamente al margen de Dios, en abierta oposición a su voluntad y a sus principios. Este sistema promueve valores contrarios al Reino de Dios, fomenta la autosuficiencia humana y busca desplazar a Dios del centro de la vida, impidiendo que las personas vivan para su gloria.
En segundo lugar, es necesario preguntarnos: ¿en qué consiste la amistad del creyente con el mundo? Esta amistad se manifiesta en un deseo desordenado por obtener lo que no se tiene —riquezas, posesiones y comodidades— y en la envidia hacia lo que otros poseen —poder, prestigio, fama y placer—. Cuando estos anhelos no son satisfechos, el corazón humano, dominado por el egoísmo y la ambición, puede llegar a generar conflictos, pleitos e incluso violencia. De ahí que vivamos en una sociedad marcada por la injusticia, la rivalidad y la crueldad: un mundo donde muchos luchan por imponer sus propios intereses, aun a costa del prójimo.
Frente a esta tentación humana universal, el apóstol Santiago nos presenta una solución clara y contundente: humillarnos delante de Dios y acercarnos a Él con un corazón limpio y sincero. La verdadera victoria no se encuentra en poseer más, sino en rendirnos más plenamente al Señor. Cuando reconocemos nuestra dependencia de Dios, confesamos nuestros pecados y renunciamos a la amistad con el mundo, Él promete levantarnos, restaurarnos y honrarnos a su debido tiempo. Personalmente, no conozco a nadie que, viviendo en desobediencia y dándole la espalda a Dios, haya concluido su vida con verdadero éxito, gozo duradero y paz genuina.
Por ello, hagamos nuestro el sabio consejo expresado en el libro de Job: «Vuelve ahora en amistad con Él, y tendrás paz; y por ello te vendrá el bien» (Job 22:21). Solo la amistad con Dios satisface plenamente el alma, ordena nuestros afectos y nos conduce a una vida abundante, tanto ahora como por la eternidad.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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