LA LENGUA: UN INSTRUMENTO DE VIDA O DE CONDENACIÓN
😛 LA LENGUA: UN INSTRUMENTO DE VIDA O DE CONDENACIÓN
«Es cierto que todos cometemos muchos errores. Pues, si pudiéramos dominar la lengua, seríamos perfectos, capaces de controlarnos en todo sentido» (Santiago 3:2 NTV).
Alguien dijo con acierto: «El mundo está lleno de gente con la sonrisa en la boca y veneno en la lengua». Esta expresión resume con crudeza la profunda dualidad que habita en el corazón humano y que se manifiesta, de manera evidente, a través de la lengua. No es exagerado afirmar que la lengua es uno de los miembros más influyentes del cuerpo, pues por medio de ella formamos palabras, adoramos a Dios, expresamos ideas, emitimos juicios, compartimos pensamientos y comunicamos aquello que habita en lo más profundo de nuestro ser. Sin embargo, ese mismo instrumento puede ser usado para profanar la santidad del nombre de Dios, herir la dignidad del prójimo, sembrar discordia y destruir relaciones.
La lengua no actúa de manera independiente: está gobernada por la mente y dirigida por el corazón. Pero la Escritura enseña que, desde la caída en el Edén, la mente humana ha sido afectada y corrompida por el pecado. Por esa razón, de una misma boca pueden salir palabras de bendición dirigidas a Dios y, al mismo tiempo, palabras de maldición contra los hombres, creados a su imagen. Así, la lengua se convierte en un campo de batalla espiritual: puede ser fuente de verdad o de mentira, canal de gracia o de destrucción. El apóstol Santiago la describe como un fuego devastador, encendido por el mismo infierno, imposible de domar por fuerzas humanas, y que solo puede ser verdaderamente controlado por la obra regeneradora del Espíritu Santo.
En este sentido, la lengua funciona como una auténtica máquina de pecado cuando no está sometida a Dios. Diversos estudios señalan que una persona promedio puede llegar a decir varias mentiras al día, acumulando decenas de miles a lo largo de su vida. Más allá de la estadística, la Biblia afirma con solemnidad que ninguna palabra es insignificante ante Dios. Por ello, el Señor Jesús advirtió: «De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio» (Mateo 12:36). Estas palabras nos recuerdan que el uso irresponsable de la lengua revela la condición del corazón y nos hace moralmente responsables delante de Dios.
No obstante, la misma lengua que acusa y condena puede convertirse, por la gracia divina, en un instrumento de salvación. Cuando una persona confiesa sus pecados delante de Dios y proclama con su boca que Jesucristo es el Señor, esa lengua es redimida para dar gloria a Dios. Como afirma el apóstol Pablo: «Con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación» (Romanos 10:10). La fe genuina se expresa verbalmente y transforma la manera en que hablamos.
Por ello, te exhorto hoy a consagrar tu lengua al Señor. Usa tus palabras para bendecir, edificar, anunciar la verdad y glorificar a Dios. Confiesa el nombre de Jesús de Nazaret como tu Señor y Salvador, y permite que el Espíritu Santo gobierne tus pensamientos y tus palabras, para que tu boca sea una fuente de vida y no de destrucción. Porque cuando Cristo reina en el corazón, la lengua deja de ser un instrumento de muerte y se convierte en un canal de gracia, verdad y salvación.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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