SIETE AÑOS DECISIVOS: GRACIA, SALVACIÓN Y LA ELECCIÓN FINAL DE LA HUMANIDAD
SIETE AÑOS DECISIVOS: GRACIA, SALVACIÓN Y LA ELECCIÓN FINAL DE LA HUMANIDAD
«Después de esto vi una enorme multitud de todo pueblo y toda nación, tribu y lengua, que era tan numerosa que nadie podía contarla. Estaban de pie delante del trono y delante del Cordero. Vestían túnicas blancas y tenían en sus manos ramas de palmeras. Y gritaban con gran estruendo: "¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono y del Cordero!"» (Apocalipsis 7:9-10 NTV).
Durante el terrible y decisivo período de siete años conocido como la gran tribulación, que afectará tanto a Israel como al mundo entero, se desarrollará una actividad evangelística sin precedentes en la historia humana. En medio del juicio, el caos y el sufrimiento global, Dios manifestará de manera extraordinaria su gracia y su misericordia, y una multitud incontable de personas será salva. Esto deja claro que, aun en los tiempos más oscuros, el corazón de Dios sigue latiendo por la redención del ser humano.
La pregunta inevitable es: ¿cómo serán salvas las personas durante la tribulación? La respuesta es la misma desde el inicio de la historia bíblica: únicamente por la gracia soberana de Dios. La salvación pertenece a Yahweh y nunca ha dependido del mérito humano, de las obras religiosas ni de la justicia personal. Desde Abel hasta el último creyente de la tribulación, todos han sido, son y serán salvos por la fe, mediante la misericordia divina revelada en el sacrificio del Cordero.
En ese tiempo, ciento cuarenta y cuatro mil israelitas, sellados por el Espíritu Santo de Dios, serán levantados como testigos fieles para anunciar el evangelio del reino a todos los habitantes de la tierra. Serán evangelistas incansables, protegidos sobrenaturalmente para cumplir su misión. No habrá rincón del planeta que quede sin testimonio: desde las grandes metrópolis hasta la choza más remota, todos escucharán el mensaje de salvación en Cristo. El evangelio llegará a cada lengua, nación y pueblo, de modo que nadie podrá alegar ignorancia.
Como en los días de la dominación del Imperio romano —pero a una escala global y sin precedentes— la humanidad entera se verá obligada a tomar una decisión radical. No existirá neutralidad ni términos medios. O se cree y se confía en Cristo, o se rinde adoración al Anticristo. No habrá una tercera opción. Quien adore a la Bestia podrá gozar temporalmente de seguridad, prosperidad y aceptación social; quien confiese a Cristo enfrentará persecución extrema: será despojado de sus bienes, marginado, encarcelado, humillado, torturado y, en muchos casos, ejecutado. Lo que hoy ocurre en más de cincuenta países, donde los cristianos sufren persecución, durante la tribulación se convertirá en una inquisición universal y sistemática.
Este escenario futuro no es una exageración ni una fábula apocalíptica, sino una solemne advertencia profética. Dios no se complace en el juicio, pero es justo y santo; y, al mismo tiempo, extiende su gracia hasta el último momento posible antes del desenlace final.
Y tú, ¿ya has sido salvo por la sangre del Cordero? ¿Eres un cristiano definido o uno indeciso y tibio? ¿Compartes con valentía tu fe en Cristo o te avergüenzas de Él? Cuando llegue el momento decisivo, ¿te irás con Cristo o te quedarás con el Anticristo?
Mi anhelo es que tengas plena certeza de tu salvación eterna hoy mismo, porque si no la tienes, este es el día aceptable para creer en Jesús y ser salvo por Él. Para quienes decidan rechazar a Cristo, incluso esta breve reflexión quedará como testimonio en su contra. Solo pensarlo estremece el alma y hace que la piel se erice. Pero aún hay tiempo. Hoy sigue resonando la voz de la gracia. Mañana podría ser demasiado tarde.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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