666: ¿MIRO O REALIDAD?
666: ¿MITO O REALIDAD?
«Además exigió que a todos—pequeños y grandes; ricos y pobres; libres y esclavos—se les pusiera una marca en la mano derecha o en la frente. Y nadie podía comprar ni vender nada sin tener esa marca, que era el nombre de la bestia o bien el número que representa su nombre. Aquí se requiere sabiduría. El que tenga entendimiento, que resuelva el significado del número de la bestia, porque es el número de un hombre. Su número es 666» (Apocalipsis 13:16-18 NTV).
El número 666 es presentado en las Escrituras como un símbolo cargado de profundo significado espiritual. Representa la trinidad satánica, una imitación grotesca y blasfema de la Trinidad divina: Satanás, el poder espiritual del mal; el Anticristo, también llamado la Bestia, como encarnación del poder político; y el Falso Profeta, figura del poder religioso engañoso que induce a la adoración falsa. El número seis, al quedar corto del siete —número de la perfección divina—, simboliza al ser humano en su estado de imperfección y rebelión. El 666, entonces, expresa al hombre exaltado al máximo, intentando usurpar el lugar de Dios, proclamándose autónomo, autosuficiente y digno de adoración.
El Anticristo, descrito como la Bestia que surge del mar, será el último gran déspota gentil que se levantará contra Israel y contra el propósito eterno de Dios. Su gobierno se caracterizará por una brutalidad sin precedentes: hará guerra, destruirá naciones y conquistará territorios con una eficacia aterradora. Se distinguirá por su arrogancia, su crueldad y su capacidad de manipulación masiva. Proferirá grandes blasfemias contra el Altísimo, se exaltará a sí mismo como dios y perseguirá con ferocidad a los santos, procurando erradicar todo testimonio fiel de Cristo sobre la tierra.
Aunque una de las cabezas de la Bestia será herida de muerte, esa herida sanará de manera sorprendente, provocando asombro y admiración mundial. Este acontecimiento será interpretado como un milagro, lo que llevará a las masas a rendirle lealtad, obediencia y adoración. El Falso Profeta, representante del poder religioso corrompido, ejercerá una función clave al legitimar espiritualmente al Anticristo. Será él quien impulse el culto a la Bestia, proclamando con entusiasmo engañoso: «¿Quién es como la Bestia y quién podrá luchar contra ella?».
La Bestia blasfemará abiertamente contra Dios, contra su nombre y contra los que habitan en los cielos. Se le permitirá hacer guerra contra el pueblo santo y vencerlo temporalmente, y recibirá autoridad para gobernar sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Movidos por el temor, la fascinación o la conveniencia, todos los incrédulos adorarán a la Bestia; en contraste, los creyentes fieles serán objeto de una persecución despiadada, sistemática y global.
Llegará entonces el momento más decisivo de la historia humana. El mundo entero será forzado a tomar una postura clara e irreversible: el señorío de Cristo o el del Anticristo. No habrá zonas grises ni neutralidad posible. Quienes se nieguen a adorar la imagen de la Bestia serán condenados a muerte sin excepción. Además, se impondrá un sistema de control total mediante una marca en la mano derecha o en la frente, sin la cual nadie podrá comprar ni vender. El dominio económico será absoluto. No es casual aquella frase atribuida a Henry Kissinger: «Controla los alimentos y controlarás a la gente. Controla el petróleo y controlarás a las naciones. Controla el dinero y controlarás el mundo». Bajo este sistema, la Bestia ejercerá un control total sobre la vida cotidiana, la economía y la supervivencia misma de la humanidad.
Y tú, ¿has creído ya en Jesucristo como tu único y suficiente Salvador? ¿Has sido sellado con el Espíritu Santo de Dios, garantía de tu redención eterna? ¿Estás preparado para ser arrebatado por Cristo o terminarás recibiendo la marca de la Bestia? En aquel tiempo no existirán atajos espirituales ni posturas intermedias. Los tibios serán rechazados dos veces: primero por el Anticristo, que no tolerará reservas, y finalmente por Cristo, quien aborrece la tibieza espiritual.
No esperes más. Hoy es el día de salvación. Acepta a Cristo ahora, mientras la gracia aún llama, y asegúrate una eternidad con Él. Mañana podría ser demasiado tarde.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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