¿NAVIDAD O VANIDAD?
🌲 ¿NAVIDAD O VANIDAD?
«Les anunciamos al que existe desde el principio, a quien hemos visto y oído. Lo vimos con nuestros propios ojos y lo tocamos con nuestras propias manos. Él es la Palabra de vida. Él, quien es la vida misma, nos fue revelado, y nosotros lo vimos; y ahora testificamos y anunciamos a ustedes que él es la vida eterna. Estaba con el Padre, y luego nos fue revelado. Les anunciamos lo que nosotros mismos hemos visto y oído, para que ustedes tengan comunión con nosotros; y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo» (1 Juan 1:1-3 NTV).
El reconocido teólogo estadounidense Timothy Keller afirmó en una ocasión: «Los fundadores de todas las religiones dijeron: “Te mostraré cómo encontrar a Dios”. Jesús dijo: “Yo soy Dios y he venido para encontrarte a ti”».
Esta declaración resume con precisión el corazón del mensaje cristiano. La Navidad no celebra el esfuerzo del ser humano por alcanzar a Dios, sino la iniciativa soberana de Dios para acercarse al ser humano. En la encarnación del Verbo, Dios tomó forma humana y se reveló de manera definitiva a la humanidad a través de la vida, las palabras y las obras de su Hijo Jesucristo. En su cuerpo mortal, Jesús cargó con el pecado del mundo y lo juzgó de una vez y para siempre, abriendo así el camino de la reconciliación.
Por eso, como el mismo Keller expresó con claridad pastoral: «La Navidad te está diciendo que tú nunca serías capaz de llegar al cielo por tu cuenta. Dios tuvo que venir a ti». La encarnación proclama la imposibilidad de la autosalvación y, al mismo tiempo, la abundancia de la gracia divina. Dios no esperó a que el ser humano se elevara hasta Él; descendió hasta nuestra fragilidad, cargó con nuestra culpa y habitó entre nosotros, lleno de gracia y de verdad.
El filósofo suizo Jean Vanier escribió con profunda sensibilidad espiritual: «En el principio, antes de todas las cosas, existió comunión: comunión entre Dios y el Logos. En un momento del tiempo, el Logos fue hecho carne y entró en la historia. Él vino a conducirnos a todos a esta comunión, que es la misma vida de Dios». Esta comunión perdida por el pecado es precisamente lo que Cristo vino a restaurar. Cuando el apóstol Juan escribió su carta, no habló desde la teoría, sino desde la experiencia viva. Dio testimonio de lo que había visto y oído, de la transformación radical de su vida y de la dulce comunión que ahora disfrutaba con el Padre gracias a la obra redentora del Hijo. El Dios eterno, sin principio ni fin, entró en el tiempo y el espacio, se dejó ver, tocar y escuchar, para que nosotros pudiéramos tener vida en Él.
¿Qué ocurrió exactamente en aquella primera Navidad? No lo sabremos con total precisión, pero su significado es innegable. El célebre escritor irlandés C. S. Lewis, autor de Las crónicas de Narnia, lo expresó con asombrosa sencillez y profundidad: «Hubo una vez en el mundo un establo, y en ese establo, algo más grande que el mundo entero». En ese humilde pesebre nació Aquel por quien y para quien fueron creadas todas las cosas.
Por eso podemos coincidir con la acertada afirmación del pastor Ralph W. Sockman: «La historia gira sobre la bisagra de la puerta en Belén». Belén no fue un accidente ni un detalle menor, sino el punto de inflexión de la historia humana. Allí comenzó la obra que culminaría en la cruz y la resurrección, trayendo esperanza, perdón y vida eterna a todo aquel que cree.
Y ahora, la pregunta es personal e ineludible: ¿puedes afirmar que Jesús es tu Señor y Salvador? ¿Puedes, en esta Navidad, ponerte delante de los tuyos y dar testimonio sincero de que Cristo ocupa el centro de tu corazón? ¿Puedes confesar que tu vida está sometida a su señorío y que vives, no para ti mismo, sino para la gloria de su nombre? Si no puedes responder afirmativamente a estas preguntas, hoy es un buen momento para hacerlo. Cree en Jesús ahora mismo, entrégale tu vida y disfruta plenamente del verdadero significado de la Navidad. Recuerda siempre esta verdad sencilla y profunda: la Navidad con Cristo es felicidad; la Navidad sin Cristo es vanidad.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

No hay comentarios
Publicar un comentario