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DIOS DE INCÓGNITO... PARA REVELARNOS LA VIDA



DIOS DE INCÓGNITO... PARA REVELARNOS LA VIDA

«Reciban abundancia de gracia y de paz mediante el conocimiento que tienen de Dios y de Jesús, nuestro Señor» (2 Pedro 1:2 DHH).

El reconocido escritor y crítico social irlandés Os Guinness, al reflexionar sobre lo extraordinario y desconcertante de la encarnación, escribió con aguda lucidez: «El Verbo se hizo carne y habló en forma humana como uno de nosotros, aunque de incógnito y con un disfraz que nos despistó y nos hizo quedar en ridículo. El Dios de todo poder escogió hacerse débil para subvertir nuestro insignificante poder. El Dios de toda riqueza escogió volverse pobre para subvertir nuestra escasa riqueza. El Dios de toda sabiduría escogió volverse insensato para subvertir nuestra sabiduría imaginada. El Dios que es el único ser decisivo escogió ser un don nadie, para subvertirnos cuando pensábamos tontamente que éramos alguien».

Estas palabras nos recuerdan que la encarnación no fue solo un acto de amor, sino también una revolución divina que trastocó por completo los valores humanos. Dios no se reveló desde los tronos del poder ni desde los palacios del prestigio, sino desde la fragilidad de un pesebre, el anonimato de Nazaret y la humillación de una cruz. En Cristo, Dios se acercó tanto a nosotros que muchos no lo reconocieron; su grandeza fue velada por la sencillez, y su gloria, por la humildad.

Jesús, Dios con nosotros, es la fuente inagotable de gracia, conocimiento y paz. Los destinatarios de la segunda carta del apóstol Pedro ya habían recibido estas bendiciones al creer en Jesucristo. Sin embargo, no estaban llamados a conformarse con una fe inicial o estática, sino a crecer, madurar y perfeccionarse en ellas para vivir vidas marcadas por la rectitud y el carácter piadoso.

Aunque el mundo se encontraba —y aún se encuentra— corrompido y envuelto en densas tinieblas a causa de los malos deseos humanos, los creyentes eran llamados a vivir de manera distinta. Su misión era preservar y alumbrar ese mundo mediante una vida de excelencia moral, una obediencia sincera a Dios y la práctica constante del amor fraternal. La fe verdadera no se limita a creer correctamente, sino que se manifiesta en una conducta transformada.

Crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo les permitiría llevar vidas más influyentes, útiles y fructíferas para el reino de Dios. No obstante, este crecimiento moral, intelectual y espiritual no ocurriría de forma automática ni instantánea. Requeriría disciplina, perseverancia y valentía para nadar contra la corriente de una cultura hostil a la verdad. Aun así, el esfuerzo valdría la pena, pues al final Dios les concedería —y nos concederá— una cálida y gloriosa bienvenida en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Y ahora la pregunta inevitable: ¿a qué reino perteneces y a quién sirves: al de Cristo o al de las tinieblas? Vivir al servicio del reino de las tinieblas es una pérdida fatal de tiempo, propósito y talento. Hoy es el día para abandonar ese camino sin salida. Cree en Jesús como tu Salvador, entrégale tu vida y camina en su luz, porque solo en Él hay salvación, vida eterna y verdadera esperanza.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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