Youtube

CAMINAR CON LA VERDAD SIRVIENDO CON GENEROSIDAD

CAMINAR CON LA VERDAD SIRVIENDO CON GENEROSIDAD

«Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente» (3 Juan 2 NVI).

La tercera carta del apóstol Juan fue dirigida a Gayo, un creyente fiel y generoso, probablemente un líder respetado dentro de la iglesia local. Este hermano era ampliamente conocido por su ternura, hospitalidad y bondad, virtudes que se manifestaban de manera concreta en su trato hacia los predicadores itinerantes y que habían llegado a ser notorias en toda la región. Su vida era un testimonio vivo del amor cristiano puesto en acción.

El nombre Gayo es una transliteración del nombre romano Gaius o Caius, que significa “señor” o “terrateniente”. Es muy posible que este Gayo fuera el creyente de Corinto que fue bautizado por el apóstol Pablo (1 Corintios 1:14) y que aparece mencionado en los saludos finales de la epístola a los Romanos (Romanos 16:23). Pablo destaca de él una virtud extraordinaria: su disposición a ofrecer hospedaje no solo al apóstol, sino también a toda la iglesia, lo cual revela un corazón amplio, desprendido y comprometido con la obra del Señor.

Los evangelistas itinerantes eran predicadores que recorrían pueblo tras pueblo anunciando el mensaje del evangelio en un mundo mayormente pagano y hostil a la fe cristiana. Hermanos como Gayo desempeñaban un papel crucial en este ministerio, ofreciéndoles alojamiento, alimento y apoyo económico, de modo que pudieran continuar su labor sin distracciones ni cargas innecesarias. Aquellos siervos de la Palabra, atendidos con esmero y amor cristiano, daban testimonio de que Gayo era fiel al Señor y que vivía conforme a la verdad, no solo en palabras, sino en hechos.

Esta noticia llenó de profunda alegría el corazón del apóstol Juan, quien expresó que no tenía mayor gozo que oír que sus hijos espirituales andaban en la verdad. Para Juan, la verdad no era un concepto meramente doctrinal, sino una realidad vivida, encarnada en actos de amor, obediencia y servicio desinteresado.

Gayo servía a sus huéspedes con atención sincera y amistad genuina, proveyendo con diligencia para sus necesidades materiales. Esto cobraba especial importancia, ya que los misioneros del Señor habían decidido no recibir ayuda de los gentiles, para no poner tropiezo al evangelio ni comprometer su mensaje. De esta manera, la iglesia asumía responsablemente su llamado de sostener a quienes ministraban la Palabra, permitiendo que el evangelio siguiera extendiéndose con poder por todo el Imperio Romano.

¡Qué hermoso y desafiante testimonio de fidelidad y generosidad nos dejó nuestro querido hermano Gayo! Sin buscar reconocimiento humano ni promoción personal, apoyaba silenciosamente a los siervos del Señor que proclamaban la bendita Palabra de Dios. Tal vez Gayo no fue un gran predicador ni un evangelista de multitudes, pero su contribución fue estratégica y esencial. Sus ofrendas, su hospitalidad y su amor se unían a la obra de aquellos que anunciaban el evangelio públicamente.

Por esta razón, en el Tribunal de Cristo, tanto los predicadores como quienes los sostuvieron con sus recursos y servicio recibirán la misma recompensa, pues todos participaron de la misma obra y fueron colaboradores en la expansión del Reino de Dios. Que el ejemplo de Gayo nos inspire a caminar en la verdad y a servir con generosidad, para la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

No hay comentarios

Con la tecnología de Blogger.