¿SE EQUIVOCÓ DIOS CON ISRAEL? ¡NI POR ASOMO!
🙌🏻 ¿SE EQUIVOCÓ DIOS CON ISRAEL? ¡NI POR ASOMO!
«¡Oh, Israel! ¿No puedo hacer contigo lo mismo que hizo el alfarero con el barro? De la misma manera que el barro está en manos del alfarero, así estás en mis manos» (Jeremías 18:6 NTV).
¿Se equivocó Dios al elegir a Israel como su tesoro especial entre todos los pueblos de la tierra? La respuesta es un NO rotundo. Dios es amor, y todo lo que hace está motivado por su amor; y el amor verdadero jamás se equivoca. Ningún proyecto que emprendamos con amor puede fracasar en esencia, aunque los resultados no coincidan con nuestras expectativas humanas. Del mismo modo, Dios no escogió a Israel por ser un pueblo sabio, poderoso o santo, sino simplemente porque lo amó. Lo adoptó con un amor incondicional, inagotable y eterno, un amor que no depende de méritos ni de circunstancias.
Ahora bien, ¿por qué Dios, como un alfarero, querría aplastar a Israel —como si fuera barro en sus manos— y volver a formarlo en una vasija de uso honroso? La respuesta es simple: porque lo ama. Dios nunca desechará a su pueblo, aunque Israel, una y otra vez, insista en desobedecerle y se esfuerce por ignorar su voz. Lo ama tanto, que no está dispuesto a dejarlo como está: feo y deformado por el pecado, débil y desleal, rebelde y antipático, descortés y ruin. Como un padre amoroso que disciplina a su hijo, Dios corrige, quebranta y moldea, no para destruir, sino para restaurar.
Mark Twain, el célebre escritor estadounidense, lanzó una observación asombrosa: «Todas las cosas son mortales, excepto los judíos; todas las demás fuerzas pasan, pero Israel permanece. ¿Cuál es el secreto de su inmortalidad?». La respuesta es clara: ¡Dios mismo! La existencia continua de Israel no es un accidente histórico ni un capricho político, sino una obra de amor divino. Está escrito: «Esto dice el Señor, tu Redentor, el Santo de Israel: “Yo soy el Señor tu Dios, que te enseña lo que te conviene y te guía por las sendas que debes seguir”» (Isaías 48:17, NTV).
Por eso, es más probable que el sol deje de salir cada mañana que Dios deje de amar a su pueblo. Sus promesas son firmes, sus planes no fallan y su amor no caduca. ¡Dios es el mejor alfarero del universo!
Los propósitos que diseñó para Israel son gloriosos y eternos. Permitió que los babilonios lo trituraran, no para aniquilarlo, sino para rehacerlo. Transformó su corazón de piedra en un corazón de carne: tierno, humano, amoroso y obediente. De esa nación restaurada vino nuestro Señor Jesucristo y, a través de sus santos apóstoles, Dios revolucionó la historia humana para siempre. Y si pudo hacer esto con Israel, ¡imagina lo que puede hacer con nosotros cuando nos dejamos moldear por sus manos! Amén.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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