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ROUSSEAU VS. DIOS: ¿QUIÉN CONOCE MEJOR AL HOMBRE?

🫀 ROUSSEAU VS. DIOS: ¿QUIÉN CONOCE MEJOR AL HOMBRE?

«El corazón humano es lo más engañoso que hay, y extremadamente perverso. ¿Quién realmente sabe qué tan malo es? Pero yo, el Señor, investigo todos los corazones y examino las intenciones secretas. A todos les doy la debida recompensa, según lo merecen sus acciones» (Jeremías 17:9-10 NTV).

Jean-Jacques Rousseau, polímata suizo francófono, afirmó: «El hombre es bueno por naturaleza; es la sociedad la que lo corrompe». Esta frase, repetida hasta el cansancio en libros de filosofía, política y educación, suena optimista, pero ¿es cierta?Dios, a través del profeta Jeremías, declara todo lo contrario: «El corazón humano es engañoso más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (Jeremías 17:9). Jesús mismo va más allá y especifica que, dentro del corazón del hombre, se gestan «los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia y la insensatez» (Marcos 7:21-22). Entonces, ¿quién tiene la razón: Rousseau o Dios?

Albert Einstein, con su célebre humor, decía: «Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana; y no estoy seguro de lo primero». Hoy podríamos añadir una tercera: la capacidad inagotable del corazón humano para inventar nuevas formas de maldad. Cada día, en algún rincón del planeta, alguien idea una nueva manera de pecar. Así es: el mismo corazón que puede descubrir medicinas para salvar vidas también fabrica drogas para destruirlas; el mismo ingenio que construye herramientas para edificar ciudades levanta armas para arrasarlas.

El corazón humano fue creado inocente, pero no impecable. Cuando Adán pecó, toda la humanidad quedó bajo corrupción: no se trató de un simple rasguño en la superficie, sino de una infección profunda que alcanzó lo más íntimo del ser. El hombre no necesita únicamente educación moral o mejores leyes; necesita un cambio radical de su naturaleza interior.

¿Hay esperanza para este corazón? ¡Rotundamente SÍ! El corazón humano fue diseñado para ser la morada de Dios, pero al apartarse de su Creador se volvió salvaje, orgulloso y desbocado. Cristo vino precisamente para resolver este problema: no para colocar un «parche espiritual» sobre un corazón enfermo, sino para reemplazarlo por uno nuevo. Así lo promete Dios: «Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne» (Ezequiel 36:26). Y el apóstol Pablo confirma: «Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).

La verdadera noticia para hoy no puede ser otra que esta: Dios te ama tanto que no te dejó abandonado a tu suerte. Envió a su Hijo Jesucristo para dar su vida en rescate por la tuya, derramando su sangre en la cruz del Calvario para perdonar tus pecados y librarte de toda maldad. Hoy es el momento perfecto para volver tu corazón hacia Él. Arrepiéntete sinceramente, cree en Cristo y confiesa con tu boca que Jesús es tu Señor y Salvador. La promesa es firme: «Serás salvo tú y toda tu casa» (Hechos 16:31).

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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