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SALVOS, SABIOS Y SANTOS

😇 SALVOS, SABIOS Y SANTOS

«El temor del Señor es la base del verdadero conocimiento, pero los necios desprecian la sabiduría y la disciplina» (Pr 1:7 NTV).

El libro de Proverbios forma parte de la sección de los Libros Poéticos y Sapienciales del Antiguo Testamento, y representa uno de los tesoros literarios y espirituales más ricos de la Biblia. Su propósito es ofrecer principios atemporales que orienten la vida humana hacia el camino de la justicia, la prudencia y la verdadera sabiduría. No se trata de meros consejos humanos, sino de enseñanzas inspiradas que parten de una premisa central: «El temor del Señor es el principio del conocimiento» (Pr 1:7).

Este principio fundamental nos revela que toda comprensión genuina de la vida, del bien y del mal, de nosotros mismos y del prójimo, comienza cuando reconocemos a Dios como el centro y fuente de toda verdad. La mística y escritora española Teresa de Jesús lo expresó de manera profunda al afirmar: «Quien a Dios teme, nada le falta. Sólo Dios basta». Es decir, una vida anclada en el respeto reverente hacia Dios es una vida plena, rica en sentido y dirigida con propósito.

Temer a Dios no implica un miedo servil, sino una actitud de reverencia, humildad y sumisión amorosa. Significa reconocer que no somos dueños absolutos de nada, sino simples mayordomos de todo lo que poseemos: nuestro tiempo, nuestras habilidades, nuestras relaciones y nuestros bienes materiales. Este temor reverente nos conduce a rendir todo lo que somos, sabemos y tenemos al señorío de Dios, y esa rendición abre nuestros ojos al verdadero entendimiento de todas las cosas.

El libro de Proverbios establece una clara distinción entre los sabios y los necios. Los sabios son aquellos que valoran la corrección, aman la verdad, buscan el consejo y cultivan una vida de obediencia a Dios. Los necios, por el contrario, desprecian la instrucción, se burlan de la sabiduría y se dejan llevar por la arrogancia, el capricho y la autosuficiencia. Como advierte un antiguo refrán español: «Conviene ceder el paso a los necios y a los toros», porque la necedad humana es temeraria y muchas veces destructiva. El poeta persa Sa’dī de Shiraz escribió con sabiduría: «Temo a Dios, y después temo principalmente al que no le teme», recordándonos que quien carece de respeto por Dios, también carece de límites morales y espirituales.

Un ejemplo claro de esta necedad se encuentra en la parábola que Jesús relató sobre el hombre rico que acumuló bienes para sí mismo sin pensar en la eternidad. Dice el texto: «Y me diré a mí mismo: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y disfruta de la vida. Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?”» (Lc 12:19-20, NVI). Este hombre tenía la astucia suficiente para enriquecerse materialmente, pero no la sabiduría espiritual para preparar su alma para el juicio divino.

Así pues, temer a Dios es una decisión diaria. Cada día debemos renovar nuestro compromiso de rendir nuestro espíritu, alma y cuerpo al dominio absoluto de Yahweh, reconociendo que Él es el Creador, el Sustentador y el Juez de todo el universo, y que nosotros somos apenas administradores temporales de los recursos que Él nos ha confiado.

Por eso, leer, meditar y obedecer las Sagradas Escrituras no es una actividad opcional, sino vital para vivir con sabiduría y en sintonía con la voluntad de Dios. En la Biblia encontramos la revelación exacta de Dios, hecha carne en la persona de su Hijo Jesucristo, quien es la encarnación perfecta de la sabiduría divina.

¡Creámosle a Jesús y seremos salvos!¡Conozcamos a Jesús y seremos sabios!¡Imitemos a Jesús y seremos santos!

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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