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LA BRILLANTE RUTA DEL JUSTO

☀️ LA BRILLANTE RUTA DEL JUSTO

«El camino de los justos es como la primera luz del amanecer, que brilla cada vez más hasta que el día alcanza todo su esplendor» (Pr 4:18 NTV).

En los primeros versículos del magnífico Libro de los Proverbios, se establecen con claridad y profundidad los propósitos esenciales de esta joya de la literatura sapiencial bíblica. Leemos: «Su propósito es enseñar sabiduría y disciplina, y ayudar a las personas a comprender la inteligencia de los sabios. Su propósito es enseñarles a vivir una vida disciplinada y exitosa, y ayudarles a hacer lo que es correcto, justo e imparcial. Estos proverbios darán inteligencia al ingenuo, conocimiento y discernimiento al joven. Que el sabio escuche estos proverbios y se haga aún más sabio. Que los que tienen entendimiento reciban dirección al estudiar el significado de estos proverbios y estas parábolas, las palabras de los sabios y sus enigmas» (Pr 1:2-6, NTV).

Este pasaje inicial es mucho más que una introducción literaria: es una declaración de intenciones divinas para moldear vidas sabias, plenas y justas. Proverbios no es simplemente un conjunto de consejos prácticos, sino una fuente inspirada para forjar caracteres, decisiones y destinos bajo la guía del temor reverente a Dios.

Ahora bien, ¿quiénes son los «justos» mencionados a lo largo de este libro, y especialmente en el versículo que hoy nos convoca a meditar? Los justos no son quienes nunca se equivocan ni quienes confían en sus propios méritos. Son aquellos que han sido declarados justos por la gracia de Dios, mediante la fe, tanto en la época antigua —a través del sacrificio simbólico de animales inocentes— como en la actualidad, gracias al sacrificio perfecto de Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Ningún ser humano, por virtuoso que parezca, puede justificarse a sí mismo ante el Dios santo. La justicia humana, según las Escrituras, es como trapo de inmundicia (Is 64:6). Pero la justicia de Dios, por medio de Cristo, es una vestidura gloriosa que cubre al creyente y lo presenta ante el trono divino como si nunca hubiese pecado. Esa es la justicia que transforma la historia personal del creyente.

En Proverbios 4:18 se nos regala una de las metáforas más poéticas y poderosas de toda la Escritura: «La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto».

Comparar la vida del justo con el curso ascendente del sol desde el amanecer hasta su punto más alto en el cielo (el cenit) es una imagen profundamente inspiradora. Nos habla de un crecimiento progresivo, de una luz que no se detiene, de una trayectoria que no retrocede. ¡Qué maravillosa analogía para describir la madurez espiritual del creyente!

Y no se trata de una utopía. No es una ilusión inalcanzable ni una táctica motivacional pasajera, como quien cuelga una zanahoria delante del burro para que avance. Es una promesa sólida, una realidad gloriosa sustentada por la fidelidad de Dios. Él ha desplegado delante de nosotros una serie interminable de recursos: su Palabra viva, el poder del Espíritu Santo, la comunidad de fe, los dones espirituales, la oración, la adoración, las pruebas que nos purifican y hasta los fracasos que nos enseñan.

Dios desea que crezcas. Que tu vida, como el sol, brille con mayor intensidad cada día. Que tu carácter refleje más y más la imagen de su Hijo. Que tu paso por la historia deje una estela de luz, verdad, amor, sabiduría y justicia.

Eres como un diamante en proceso de talla: imperfecto, sí, pero en manos del Escultor divino. Cada día, si permaneces en Él, irás brillando más intensamente, hasta llegar a la perfección plena en la eternidad.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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