¡ENAMÓRATE DE LA PALABRA!
📖 ¡ENAMÓRATE DE LA PALABRA!
«Tu palabra es una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino» (Sal 119:105 NTV).
El Salmo 119 es una de las joyas literarias y espirituales más extraordinarias de toda la Biblia. Este majestuoso cántico hebreo —el capítulo más extenso de las Escrituras— es, en esencia, un bellísimo poema acróstico dedicado a exaltar la grandeza de Dios y la inigualable sabiduría contenida en su Palabra.
La mayoría de los eruditos bíblicos le atribuyen la autoría de este maravilloso salmo al rey David, y muchos suponen que lo fue componiendo a lo largo de su vida, a medida que su experiencia espiritual maduraba. Está estructurado en veintidós estrofas, una por cada letra del alefato hebreo, en orden alfabético. Cada estrofa contiene ocho versículos, y cada línea de esa sección comienza con la misma letra, como si el autor quisiera “alfabetizar” nuestra alma en el conocimiento de Dios, de la A a la Z.
Este salmo no solo es una oda al Altísimo, sino también una sinfonía dedicada al amor por las Escrituras. A lo largo de sus 176 versículos, el salmista utiliza con ternura y pasión una variedad de términos para referirse a la Palabra de Dios: enseñanzas, mandamientos, decretos, ordenanzas, estatutos, consejos, promesas, juicios, testimonios, y preceptos. Según los estudios masoréticos, en al menos 171 versículos se menciona alguna referencia directa a la Palabra divina. Aunque hay debate sobre ciertos versículos (como el 84, 90, 121, 122 y 132), lo cierto es que el corazón del salmo está impregnado, casi verso por verso, de una profunda devoción por la revelación escrita de Dios.
El salmista no escatima expresiones para mostrar su fervor. Confiesa amar la ley de Dios con todo su corazón, deleitarse en ella más que en las riquezas materiales, considerarla más dulce que la miel y más preciosa que el oro fino. La estudia con dedicación, la medita día y noche y la guarda como un tesoro en lo más profundo de su ser.
Además, presenta la Palabra como una fuente de sabiduría práctica y luminosa: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino» (v. 105). Es una guía infalible para quien desea vivir con integridad, tomar decisiones sabias y evitar tropiezos en su andar espiritual. A diferencia de las filosofías humanas que cambian con las modas, los consejos divinos permanecen firmes y vigentes, generación tras generación.
Como bien lo expresó Charles Spurgeon, el príncipe de los predicadores: «Mis hermanos y hermanas que conocen al Señor, les ruego que estudien la Palabra de Dios muy profundamente». Que estas palabras te animen a escarbar con amor y reverencia en el vasto campo de la Escritura. En ella hay más que letras: hay vida, hay poder, hay dirección... ¡y hay un Dios que nos habla!
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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