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ELLA ES MI CORONA

👩‍❤️‍👨 ELLA ES MI CORONA

«El hombre que halla esposa encuentra un tesoro, y recibe el favor del Señor» (Pr 18:22 NTV).

El libro de Proverbios ensalza a la mujer de una manera excepcional, atribuyéndole una dignidad y una influencia que trascienden el tiempo y las culturas. A diferencia de la imagen negativa que a veces se presenta en chistes de mal gusto o estereotipos injustos, el sabio rey Salomón la compara con un tesoro valiosísimo y con el favor mismo de Dios. No es poca cosa. En Proverbios 18:22 leemos: «El que halla esposa halla el bien y alcanza la benevolencia del Señor», y en otro pasaje añade: «Una esposa digna es una corona para su esposo» (Pr 12:4).

Pensemos por un momento en la función de una «corona»: es el adorno más noble, elegante y significativo que lleva un rey. Representa autoridad, belleza, honor y distinción. Así, la mujer puede llegar a ser todo eso y más en la vida de un hombre. Su amor, su sabiduría, su ternura y su lealtad tienen el poder de ennoblecer, fortalecer y guiar al varón hacia sus más altos propósitos.

Una influencia invaluable

La dignidad que el sabio Salomón otorga a la mujer como ser humano, y la profunda influencia positiva que puede ejercer sobre su esposo, es infinita e invaluable. Con justísima razón, el Premio Nobel de Literatura 1982, Gabriel García Márquez, escribió: «En todo momento de mi vida hay una mujer que me lleva de la mano en las tinieblas de una realidad que las mujeres conocen mejor que los hombres y en las cuales se orientan mejor con menos luces».

La mujer posee una sensibilidad espiritual y emocional que le permite percibir y discernir circunstancias que a menudo escapan al entendimiento masculino. Esa intuición, combinada con fe y sabiduría, la convierte en una guía y consejera insustituible en el hogar.

El pilar del hogar y la educación

Su papel es fundamental en el éxito y la estabilidad de la familia, especialmente mediante la formación bíblica de los hijos y la administración sabia del hogar. Proverbios lo declara sin rodeos: «La mujer sabia edifica su hogar, pero la necia con sus propias manos lo destruye» (Pr 14:1, NTV).

Una madre instruida en los caminos de Dios deja una huella indeleble en el corazón de sus hijos. El mismo George Washington, primer presidente de los Estados Unidos, reconoció el valor de su madre con estas palabras: «Mi madre fue la mujer más bella que jamás conocí. Todo lo que soy, se lo debo a mi madre. Atribuyo todos mis éxitos en esta vida a la enseñanza moral, intelectual y física que recibí de ella».

Mary Ball Washington nunca ocupó un cargo público, ni escribió libros ni fundó universidades, pero formó con sabiduría y amor al hombre que lideraría una nueva nación.

Testimonio personal

A título personal, puedo afirmar con profunda gratitud que, después de conocer a Jesús como mi Salvador, conocer a mi esposa ha sido la experiencia más maravillosa y transformadora de mi vida. Gracias a mi bella y amada compañera, me considero un hombre plenamente dichoso. Ella es, sin duda, un tesoro de gran valor, un regalo del cielo, y una señal del favor de Dios sobre mi vida.

Su amor, su compañía, sus oraciones y su apoyo incondicional me han impulsado a ser mejor esposo, mejor creyente y mejor ser humano. Bienaventurado el hombre que tiene a su lado una mujer a quien amar, respetar, cuidar y escuchar. Ella no solo es su corona, sino también su alegría, su paz y su fortaleza en los días difíciles.

Frase final para meditar: «La mujer virtuosa no solo adorna la vida de su esposo: la ennoblece, la orienta y la eleva hacia el corazón de Dios».

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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