¡EL PODER DE UN BUEN PIROPO!
😍 EL PODER DE UN BUEN PIROPO
«Toda tú eres hermosa, amada mía, bella en todo sentido» (Cnt 4:7).
En el periódico de una comunidad rural, alguna vez se publicó este insólito anuncio: «Se busca esposa con tractor. Por favor, enviar una fotografía del tractor». ¡Vaya manera tan torpe y desafortunada de buscar el amor! Aquel hombre parecía más interesado en la maquinaria agrícola que en el corazón de una mujer. Afortunadamente, el amor verdadero no funciona así. En contraste con este triste aviso, el libro «Cantar de los Cantares» —también conocido como el «Cantar de Salomón»— es una exquisita colección de poemas líricos que celebran con pasión y ternura la belleza femenina, la unión matrimonial y el placer del amor conyugal, puro, exclusivo y sublime, tal como fue ideado por Dios desde los tiempos del Edén.
¿Puedes imaginarte el rostro de Adán cuando vio por primera vez a Eva? ¡Qué lástima que no había un fotógrafo cerca para capturar ese instante y subirlo a las redes sociales! Pero sin duda, fue un momento lleno de asombro y gratitud. Hasta entonces, Adán había visto animales de todo tipo, pero ninguno era «semejante a él». De repente, ve a la mujer —hermosa, delicada, tierna, perfectamente diseñada para él— y se vuelve poeta sin haber tomado un solo curso de literatura: «¡Ahora sí! Esto es lo que estaba esperando. ¡Eres hueso de mis huesos y carne de mi carne!». En otras palabras: «¡Tú eres la que me faltaba!».
El Cantar de los Cantares es un canto apasionado que nos recuerda que el amor conyugal debe cultivarse, celebrarse y expresarse continuamente. No basta con saber que la esposa es un regalo precioso de Dios; es necesario demostrárselo a diario con palabras amorosas, gestos atentos y piropos sinceros. Los halagos no deben ser automáticos ni vacíos, sino creativos y significativos, elogiando no solo su belleza exterior, sino también su dulzura, su esfuerzo, su fe, su carácter. ¡Una mujer que se siente valorada florece con alegría!
Toda esposa merece —y espera— escuchar de labios de su esposo que es amada con ternura, admirada con respeto y deseada con pasión. El esposo sabio sabe que el corazón femenino se riega con palabras dulces y gestos de afecto. Pablo Picasso solía decir: «Me enamoré de mi mujer y nunca más me volví a enamorar». Esa es la clase de fidelidad emocional que el Cantar de los Cantares impulsa: amor exclusivo, comprometido, deleitante y constante.
El libro también deja una enseñanza poderosa: el amor conyugal es una celebración santa, y el placer sexual en el contexto del matrimonio no es sucio ni prohibido, sino un regalo divino. Este canto vindica ese amor placentero en oposición a los dos extremos que lo distorsionan: El ascetismo, que desprecia el gozo físico y presenta el sexo como algo vergonzoso. Y la lujuria desenfrenada, que banaliza el sexo y lo desvincula del compromiso.
Dios diseñó la intimidad matrimonial como un acto sagrado, exclusivo del pacto matrimonial, y no como un entretenimiento sin consecuencias. Por eso, como si se tratara de una joya valiosa, el placer sexual debe guardarse en un cofre sellado: el lecho conyugal, libre de extraños y lleno de amor. Como escribió León Tolstoi: «El que ha conocido solo a su mujer y la ha amado, sabe más de mujeres que el que ha conocido a mil».
Así que, querido esposo: no escatimes piropos, caricias ni detalles. ¡Los piropos genuinos nunca empachan… siempre alimentan el alma!
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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