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¡CANTAR CON EL ALMA Y AMAR CON EL CUERPO!

💕 ¡CANTAR CON EL ALMA Y AMAR CON EL CUERPO!

«Mi amado es trigueño y deslumbrante, ¡el mejor entre diez mil!» (Cnt 5:10 NTV). «¿Quién es esa, que se levanta como la aurora, tan hermosa como la luna, tan resplandeciente como el sol, tan majestuosa como un ejército con sus estandartes desplegados al viento?» (Cnt 6:10 NTV).

El Cantar de los Cantares —también conocido como Cántico de los Cánticos— es un extraordinario poema hebreo que celebra con exquisita belleza el amor romántico y físico entre un hombre y una mujer. Lejos de ser vulgar o mundano, este libro sagrado exalta la intimidad conyugal como una maravillosa creación divina, un regalo precioso que Dios ha concedido para ser disfrutado sin culpa y con gozo dentro del marco del matrimonio.

A lo largo de sus líricos versos, se despliegan al menos tres aspectos fundamentales de la intimidad amorosa:

1. La intrepidez del amante y la hermosura de la amada: Ambos protagonistas expresan sin temor lo que sienten y desean, sin máscaras ni reservas. Se buscan y se encuentran con pasión y ternura.

2. El aroma del ambiente amoroso: Las fragancias de perfumes, flores y mirra evocan la atmósfera íntima donde el amor florece, no solo como acto físico, sino como experiencia estética y espiritual.

3. La poesía del afecto: Piropos sinceros, caricias apasionadas y palabras encantadoras nutren la relación, avivando la alegría mutua y el deleite conyugal como si se tratara de una danza sinfónica del alma y el cuerpo.

El sexo no es una invención humana ni un tabú impuro, sino una idea sublime nacida en la mente del Creador. Dios diseñó el placer íntimo con propósito, belleza y profundidad. En el lecho matrimonial —ese jardín sagrado— esposo y esposa están llamados a abrir de par en par las compuertas de su alma, para que el caudal de sentimientos y emociones riegue generosamente la pradera del amor compartido.

El lecho conyugal, lejos de ser un rincón oscuro o clandestino, es un lugar fecundo, digno y elevado, donde:

Se despiertan las emociones más profundas del ser humano.

Se inspira el arte de amar con belleza, ternura y respeto.

Se fertiliza la relación con risas, suspiros, gozo y complicidad.

Se promueve la confianza, el respeto mutuo y el compromiso para construir juntos el porvenir. Y sí, también se da inicio a la milagrosa travesía de crear nueva vida.

Los protagonistas de esta saga amorosa —un joven apasionado y una joven encantadora— se prodigan palabras tan poéticas y bellas que pareciera que desgastaron el diccionario del amor. Él la galantea con ramos de metáforas, y ella le responde con una cascada de elogios. Él describe con delicadeza y asombro cada parte del cuerpo de su amada: sus ojos brillantes, su piel radiante, sus labios dulces, su cabello fragante, sus pechos, manos, caderas y piernas. Ella, por su parte, exalta a su amado como un hombre apuesto, noble, valiente, apacible y digno de admiración.

Lejos de cualquier visión reduccionista o superficial, el Cantar de los Cantares nos recuerda que el amor erótico, cuando es vivido con respeto, fidelidad y ternura dentro del santo matrimonio, es motivo de honra para Dios. La noticia prominente para hoy es esta: ¡Dios se goza y se glorifica cuando una pareja casada se ama sin reservas, se desea con intensidad y se deleita mutuamente en la cama y en la vida!

El sexo no es sucio. Lo que lo ensucia es el egoísmo, la mentira y la lujuria. Pero cuando está fundamentado en el amor genuino, en el pacto matrimonial y en la voluntad divina, el acto sexual es puro, santo, profundamente humano... y divinamente bendecido.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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