CONFIAR EN DIOS SÍ QUE FUNCIONA
CONFIAR EN DIOS SÍ QUE FUNCIONA
«Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en la gente. Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en príncipes» (Sal 118:8-9 NTV).
Las palabras de este salmo se encuentran, literalmente, en el corazón de las Escrituras. ¡Sí! Justo en el centro de la Biblia hay un consejo divino que vale oro puro, una joya espiritual que trasciende edades, culturas, idiomas y fronteras. Son dos recomendaciones infalibles para cualquier ser humano, sin importar si es joven o anciano, rico o pobre, sabio o ignorante: ¡confía en Dios y no pongas tu esperanza en el ser humano!
Aunque las personas a nuestro alrededor tengan las mejores intenciones y deseen ayudarnos, sus esfuerzos —por nobles que sean— son limitados y falibles. Incluso los poderosos de la tierra, los llamados “príncipes”, con toda su influencia, recursos y promesas, no pueden garantizarnos una ayuda verdadera y constante. Sus palabras se las lleva el viento, sus planes cambian, y sus fuerzas se agotan.
En cambio, Dios es absolutamente confiable. Él no promete en vano ni cambia de opinión por capricho. El gran líder Moisés lo expresó con toda claridad cuando afirmó: «Dios no es un simple mortal para mentir ni para cambiar de parecer» (Nm 23:19). Esta verdad nos desafía a ir contra la corriente de la lógica humana, que nos impulsa a creer solamente en lo visible y a confiar únicamente en lo tangible. Sin embargo, quien deposita su confianza en el Dios todopoderoso, amoroso y hacedor de maravillas, descubrirá que sus temores y preocupaciones empiezan a evaporarse como la niebla bajo el sol.
Cuando abrimos los ojos espirituales y contemplamos las obras que Dios realiza a nuestro favor —en medio de las dificultades cotidianas—, nuestro corazón no puede evitar rendirse ante su ternura, su fidelidad y su amor incondicional. Quedamos “prendidos” de Él, como un niño se aferra al regazo de su madre. Algo parecido ocurrió con quienes conocieron a Jesús en persona: ya no querían apartarse de Él, porque su presencia los atraía con la fuerza irresistible del amor más puro y auténtico.
El salmista David, el dulce cantor de Israel, lo expresó con sencillez y convicción: «El Señor protege a los que lo aman y rescata a los que confían en Él». Esa certeza se ha convertido, a lo largo de los siglos, en el ancla del alma para millones de creyentes.
Incluso fuera del ámbito religioso, hay quienes han reconocido esa presencia invisible pero constante de Dios. La célebre actriz y cantante estadounidense Pearl Mae Bailey dijo una vez: «Las personas ven a Dios todos los días, pero simplemente no lo reconocen». ¡Cuánta verdad encierra esta frase! A menudo atribuimos al azar, a la suerte o incluso al horóscopo las bendiciones que nos ocurren, cuando en realidad son expresiones amorosas del Creador, el dador de toda buena dádiva y de todo don perfecto.
Por eso, hoy es un momento ideal para elevar nuestros ojos al cielo y repetir las sabias palabras de Corrie Ten Boom: «Deja que las promesas de Dios brillen sobre tus problemas». Porque cuando uno se apoya en el Dios eterno, incluso las noches más oscuras se iluminan con esperanza.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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