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¡EL HIMNO AL REY ETERNO!

🎶 ¡EL HIMNO DEL REY ETERNO! 🎶

«El Señor (YHWH) le dijo a mi Señor (Jesús): “Siéntate en el lugar de honor a mi derecha, hasta que humille a tus enemigos y los ponga por debajo de tus pies”» (Sal 110:1 NTV).

El Salmo 110 es uno de los cánticos mesiánicos más destacados y profundos del “himnario bíblico”. Esta joya poética y profética, escrita por el rey David bajo la inspiración del Espíritu Santo, es también una de las porciones del Antiguo Testamento más citadas en el Nuevo Testamento: se le hacen al menos 27 referencias directas o alusiones indirectas. ¡Eso lo convierte en una pieza clave para comprender la identidad y misión del Mesías prometido!

David, como rey y profeta, tuvo el privilegio de escuchar un diálogo celestial entre Yahweh (el Señor) y el Mesías, a quien llama “mi Señor”, mostrando que el descendiente prometido no sería un simple heredero humano, sino una figura divina, eterna y soberana. Jesús mismo, durante su ministerio terrenal, usó este salmo para demostrar a los líderes religiosos que el Mesías sería mayor que David, subrayando así su preexistencia y su divinidad (Mt 22:41-46).

El apóstol Pedro, lleno del Espíritu Santo, también citó este pasaje en su poderoso sermón el día de Pentecostés, explicando que David no hablaba de sí mismo, sino del Cristo resucitado y glorificado que ahora está sentado a la diestra de Dios (Hch 2:34-36). Más adelante, el apóstol Pablo aludió a este salmo en sus cartas, destacando el dominio universal de Cristo desde Jerusalén y su victoria final sobre todos sus enemigos. Por su parte, el autor de la epístola a los Hebreos lo utilizó para subrayar la supremacía de Jesús sobre los ángeles y sobre todo ser creado, haciendo énfasis en su sacerdocio eterno según el orden de Melquisedec (He 1:13; 5:6).

Comentando sobre este majestuoso salmo, el reconocido predicador inglés Charles H. Spurgeon escribió: «¡Qué condescendencia la de Jehová al permitir que un oído mortal escuchara, y que una pluma humana registrara, su conversación secreta con su igual, su Hijo! ¡Cuán grandemente debemos valorar esta revelación de un discurso privado y solemne con el Hijo, ahora hecho público para regocijo de su pueblo!».

Ante semejante revelación, ¿puede haber un motivo más grande de gozo que depositar nuestra fe en Su Majestad Real, Jesucristo, el Hijo de Dios? Su nacimiento virginal, su vida de servicio y santidad, su pasión redentora, su gloriosa resurrección y su triunfante ascensión ya habían sido anticipados por David mil años antes de su cumplimiento.

Por eso, en este día glorioso, lleno de gratitud y esperanza, declaro que mi confianza está firmemente anclada en Él. Espero con ansias el día de su regreso, cuando todo ojo le verá y cada rodilla se doblará. ¡Y nosotros reinaremos con Él para siempre! ¡Aleluya al Rey eterno! ¡Que viva por los siglos de los siglos!

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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