BAJO SUS ALAS HAY PAZ
BAJO SUS ALAS HAY PAZ
«Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso. Declaro lo siguiente acerca del Señor: Sólo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío» (Sal 91:1 NTV).
El Salmo 91, tradicionalmente atribuido a Moisés —el gran libertador de Israel y siervo de Dios—, es una de las joyas más resplandecientes del salterio bíblico. Este cántico ha sido, por siglos, una fuente inagotable de consuelo, esperanza y fortaleza para millones de creyentes que enfrentan momentos de temor, dolor o incertidumbre. Con imágenes poderosas y reconfortantes, el salmista nos revela cómo es vivir al amparo del Dios Altísimo, bajo la sombra protectora del Omnipotente.
Moisés, más que un líder, fue un testigo privilegiado del poder sobrenatural de Yahweh. En medio del desierto, rodeado por enemigos, plagas, hambre, rebeliones internas y peligros constantes, experimentó una y otra vez la fidelidad y el cuidado de Dios. No hablaba desde la teoría, sino desde la vivencia profunda de quien fue sostenido por la mano divina cuando todo parecía perdido. Por eso, el Salmo 91 no es un poema vacío; es una declaración de fe probada por el fuego de la adversidad.
La vida cristiana no está exenta de peligros, pruebas o aflicciones. Jesús mismo lo advirtió: "En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" (Jn 16:33). En este mundo roto, lleno de injusticias, enfermedades, violencia y amenazas visibles e invisibles, los hijos de Dios no caminan solos ni desamparados. El salmista menciona trampas ocultas, flechas que vuelan de día, terrores nocturnos, plagas devastadoras… y en cada uno de esos escenarios, la promesa permanece firme: Dios librará, protegerá y guardará.
Moisés lo vio con sus propios ojos: miles caían a su alrededor, pero la mano de Dios sostenía su vida. La historia de su travesía demuestra que la seguridad del creyente no está en la ausencia de problemas, sino en la presencia de Dios en medio de ellos. La verdadera paz no proviene de un entorno tranquilo, sino de una fe firme en Aquel que tiene el control de todas las cosas.
El cristiano ha sido llamado a vivir en paz, no en ansiedad. En una época donde el estrés y la angustia parecen dominar cada rincón de la existencia humana, la promesa del Salmo 91 es un bálsamo celestial: quien habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. No hay amenaza, crisis o ataque espiritual que pueda doblegar el alma que descansa en el Señor. ¡Si Dios es por nosotros, quién contra nosotros!
La vida escondida en Cristo está segura. La presencia de Dios no es solo un refugio, es también un escudo, una fortaleza, un hogar para el alma cansada. Aun cuando la tormenta arrecia, el hijo de Dios puede dormir tranquilo, porque sabe que su vida está en las mejores manos del universo: las manos eternas, tiernas y poderosas del Padre celestial.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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