UN VERDADERO ADORADOR
UN VERDADERO ADORADOR
«La mujer dijo: —Sé que el Mesías está por venir, al que llaman Cristo. Cuando él venga, nos explicará todas las cosas. Entonces Jesús le dijo: —¡Yo Soy el Mesías!» (Jn 4:25-26 NTV).
La historia de la mujer samaritana confirma el propósito principal del evangelio de Juan: presentar a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios. El amor de Dios por la humanidad no tiene límites; ama profunda e igualmente a judíos y samaritanos. John MacArthur dice: «A diferencia de las limitaciones del amor humano, Cristo muestra el carácter del amor divino, que no discrimina y alcanza a todo el mundo».
Los judíos menospreciaban a los samaritanos porque los consideraban una raza mixta, formada tanto por israelitas de las diez tribus del norte como por gentiles llevados allí por el rey de Asiria. Los samaritanos abandonaron la adoración a Yahweh en Jerusalén y establecieron su propio sistema de culto en el monte Gerizim, en Samaria.
Samaria era un campo blanco, listo para la siega. Jesús y sus discípulos se quedaron allí dos días, y se desató un gran avivamiento espiritual. Muchos de los samaritanos de aquella aldea creyeron en Jesús, tanto por el testimonio de la mujer como porque ellos mismos vieron y oyeron que Él era el Salvador del mundo, el Cristo.
Recuerda: Jesús te ama y desea fervientemente que lo conozcas personalmente. Él vino para darte una vida plena y abundante. Cree en Jesús de todo corazón y confíesalo con tus labios como tu Salvador; y serás salvo tú y tu casa. Tu vida jamás será la misma; el Espíritu Santo la transformará día a día en la de un verdadero discípulo de Cristo, que adora a Dios en espíritu y en verdad. ¿Qué esperas? ¡Acéptalo ya!
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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