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UN NACIMIENTO GLORIOSO

UN NACIMIENTO GLORIOSO

«Entre los profetas y maestros de la iglesia de Antioquía de Siria se encontraban Bernabé, Simeón (llamado «el Negro»), Lucio (de Cirene), Manaén (compañero de infancia del rey Herodes Antipas) y Saulo. Cierto día, mientras estos hombres adoraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: "Designen a Bernabé y a Saulo para el trabajo especial al cual los he llamado". Así que, después de pasar más tiempo en ayuno y oración, les impusieron las manos y los enviaron» (Hch 13:1-3 NTV).

En primer lugar, en estos versículos se observa que las misiones transculturales nacieron en la mente y el corazón del Espíritu Santo, el Señor de la mies. De manera soberana, Él pidió al grupo de ancianos de la iglesia, que estaban en ayuno y oración, que apartaran a Bernabé y a Saulo para encomendarlos a la obra misionera. El principio espiritual que encontramos aquí es: las misiones transculturales son un imperativo divino.

En segundo lugar, el Espíritu Santo eligió la iglesia de Antioquía de Siria como la cuna de las misiones transculturales, un hecho muy significativo, ya que esa iglesia era diversa, pues estaba conformada por personas de distintas nacionalidades (judíos y gentiles) y con diferentes trasfondos socioeconómicos. El principio espiritual que encontramos aquí es: Dios ama a todos por igual y su gracia no hace acepción de personas.

En tercer lugar, el Espíritu Santo escoge a las personas que irán a las misiones transculturales. Bernabé y Saulo no tuvieron otra opción. Una descripción rápida y sencilla del rol de la iglesia local en las misiones transculturales es: orar, capacitar y enviar misioneros. El principio espiritual que encontramos aquí es: en la iglesia local todos están involucrados en las misiones; unos van y otros apoyan a los que van.

Finalmente, ¿está tu vida en el centro de la voluntad de Dios? ¿Estás seguro de que el Espíritu Santo nunca te ha llamado a ser enviado a las misiones transculturales? Recuerda que el éxito en la vida es estar en el lugar que Dios quiere que estemos, haciendo lo que Él quiere que hagamos, cumpliendo con sus sabios propósitos para los cuales nos creó. Conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas puede resultar difícil, pero no cumplirla es aún peor. Obedecer es vivir para siempre. Antioquía grabó su nombre en mármol en la historia de las misiones, al igual que Bernabé y Saulo.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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