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LIDIA CREE EN JESÚS

LIDIA CREE EN JESÚS

«Una de ellas, que se llamaba Lidia, adoraba a Dios. Era de la ciudad de Tiatira y vendía telas de púrpura. Mientras escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que respondiera al mensaje de Pablo» (Hch 16:14 NVI).

Durante el segundo viaje misionero de Pablo y su equipo evangelístico, el Espíritu Santo los guió hasta el puerto de Troas, el punto más occidental de Asia, para que continuaran su labor misionera en Europa. Así llegaron a Filipos, una ciudad importante de Macedonia, donde conocieron a Lidia, una comerciante que adoraba a Dios y era originaria de la ciudad de Tiatira.

En el día de reposo, Pablo y su equipo salieron de la ciudad y fueron a las orillas de un río, donde se reunían para orar. Allí, en medio de la predicación del evangelio de salvación, el Señor abrió el corazón de Lidia, quien prestó atención, creyó en el mensaje de Pablo y, por la gracia de Dios, ella y toda su familia creyeron en Jesús y fueron bautizados ese mismo día. Filipos se convirtió en la primera ciudad de Europa en tener una iglesia, y Lidia fue la primera convertida.

La Gran Comisión es una obra segura cuyos resultados tienen repercusiones eternas, porque se lleva a cabo con el poder y la autoridad de Jesucristo, el Hijo de Dios. No es la elocuencia ni la sabiduría humana lo que convierte al pecador, sino la poderosa obra del Espíritu Santo. Debemos predicar el evangelio de Jesucristo siempre que nos sea posible, a todas las personas que podamos alcanzar, por todos los medios a nuestro alcance, confiando en que Su Palabra no regresa vacía y dejando los buenos resultados en manos de Dios.

Los habitantes de Filipos y Lidia, la tintorera, dejaron grabados sus nombres en mármol en la gloriosa historia del reino de Dios en la tierra, porque creyeron en Jesús y obedecieron Su evangelio. El evangelio es mucho más bello y maravilloso de lo que podemos imaginar, y ellos lo experimentaron de manera personal. Por tanto, si hoy escuchas la voz del Espíritu llamándote a creer en Jesucristo como tu Salvador, no rechaces ni postergues tu decisión, porque mañana puede ser demasiado tarde. La salvación de tu alma está a una oración de distancia: cree en Jesús y recibirás paz.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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