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EN CRISTO, NO EN CRISIS

EN CRISTO, NO EN CRISIS

«Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar» (Jn 10:27-29 NVI).

Actualmente, se construyen casas antiapocalípticas que se venden por millones de dólares. Su estructura puede soportar la detonación de una bomba atómica, están cerradas herméticamente y evitan la filtración de cualquier microorganismo o sustancia nociva para la salud. Además, tienen alimentos almacenados y pueden producir su propio oxígeno para subsistir durante meses. Los ingenieros que las construyen garantizan un 90% de probabilidad de supervivencia en caso de un cataclismo nuclear.

Ahora bien, la metáfora del pastor, las ovejas y el rebaño es una de las más hermosas que el evangelio emplea para representar la relación personal e íntima entre Dios, nuestro Buen Pastor, y nosotros, sus ovejas. Toda persona que cree en Jesús como su Señor y Salvador pertenece a su grey y está protegida por las tiernas manos de Jesús, que a su vez están cubiertas por las poderosas manos de nuestro Padre celestial. En esa protección estamos 100% seguros de sobrevivir eternamente a cualquier crisis; es imposible que algo o alguien nos destruya.

Por lo tanto, debemos confiar plenamente en la protección de Jesús y descansar en su regazo, incluso en medio de las tormentas más espantosas de la vida. El creyente está en Cristo, no en crisis. Su Salvador es fuerte, su salvación es eterna, y su vida no corre peligro. No (gr. oumé) existe ni la más remota posibilidad de que perezca ni de que algo o alguien pueda arrebatarlo de las manos superpoderosas de su Pastor.

Permíteme concluir esta breve reflexión bíblica con algunas preguntas: ¿en qué o en quién está puesta tu confianza para la salvación? ¿Estás seguro de que eres una oveja del rebaño de Jesús, el Buen Pastor? ¿Han sido tus pecados lavados en la sangre del Cordero de Dios? ¿Está tu nombre escrito en el Libro de la Vida? ¿Serás arrebatado cuando Jesús regrese por su iglesia, redimida por la sangre que derramó en la cruz? Si tu respuesta es “no” a cualquiera de estas preguntas, tu vida no está en Cristo, sino en crisis. Por lo tanto, te animo a que hoy mismo creas en Jesús como tu Salvador y lo confieses como tu Señor. Recuerda que después de la muerte ya no habrá otra oportunidad de salvación.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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