EN BOCA DEL MENTIROSO
EN BOCA DEL MENTIROSO
«La decisión de vender o no la propiedad fue tuya. Y, después de venderla, el dinero también era tuyo para regalarlo o no. ¿Cómo pudiste hacer algo así? ¡No nos mentiste a nosotros sino a Dios!» (Hch 5:4 NTV).
Los griegos decían que los persas, desde niños, aprendían tres cosas: 1) a montar a caballo, 2) a disparar con el arco y 3) a decir la verdad. Es interesante la opinión que tenían los griegos sobre el valor de los persas al aprender a decir la verdad desde niños, ¿no crees? En la iglesia primitiva ocurrió un caso muy sonado e impactante: los esposos Ananías y Safira vendieron una propiedad y llevaron solo una parte del dinero a los apóstoles, pero acordaron decir que era la suma total de la venta. El Espíritu Santo se enojó tanto que los mató a ambos por mentir. Así quedó claramente establecida, para las generaciones venideras, la opinión de Dios sobre la mentira y los mentirosos.
Ahora bien, en medio de una sociedad que practica, fomenta y premia la mentira, donde quienes gobiernan han obtenido el poder por medio del fraude y donde todos parecen convenir en que mentir es lo apropiado, lo correcto y lo mejor, ¿qué aliciente podría recibir el creyente para amar la verdad, decir la verdad, vivir conforme a la verdad y estar dispuesto a morir por defender la verdad? Ninguno, excepto el principio de que la verdad procede del Dios Trino: el Padre es veraz, Jesús es la verdad y el Espíritu es llamado «el Espíritu de verdad». ¡Dios es veraz y se goza en la verdad!
El apóstol Pablo exhortó a los efesios con estas palabras: «Por lo tanto, dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad» (Efesios 4:25). Hablar con la verdad debe ser un distintivo indiscutible de la conducta cristiana, porque es hijo de Dios. El Diablo es mentiroso desde el principio y padre de mentiras. Él inspiró a Ananías y Safira a mentir y anima diariamente a todos los hombres a seguir mintiendo, a sabiendas de que la Biblia afirma: «todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre» (Apocalipsis 21:8).
Así como Dios juzgó a Ananías y Safira por mentir al Espíritu Santo, un día juzgará a todos los mentirosos. Pero, si crees en Jesús con todo tu corazón, su sangre te limpiará de todas tus mentiras y de cualquier otro pecado que hayas cometido. Creer y practicar las mentiras del diablo te conducirá a la muerte, pero creer y practicar la verdad de Dios te llevará a la vida eterna. El Diablo confía tanto en su estrategia favorita, que intentará hacerte creer que esto que estás leyendo es mentira. ¿Le creerás?
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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