EL HIJO DEL HOMBRE SE PONE DE PIE
EL HIJO DEL HOMBRE SE PONE DE PIE
«Y les dijo: "¡Miren, veo los cielos abiertos y al Hijo del Hombre de pie en el lugar de honor, a la derecha de Dios!"» (Hch 7:56 NTV).
Esteban tuvo el enorme privilegio de ser apedreado por su fe en Jesús de Nazaret, convirtiéndose así en el primer mártir de la iglesia cristiana. Su nombre proviene de la palabra griega «Stéfanos», que significa «coronado» o «victorioso». Fue un hombre sabio, de buen testimonio y lleno del Espíritu Santo, cualidades que lo llevaron a ser elegido como uno de los siete diáconos de la iglesia primitiva. Por sus enseñanzas cristianas, se granjeó la enemistad de las sinagogas; fue juzgado injustamente y condenado a ser apedreado.
Durante su discurso ante el concilio, Esteban demostró ser un cristiano muy bien preparado en materia de fe y conducta. Su disertación refleja una filosofía de la historia amplia, sólida y precisa. Comienza con el llamado divino al patriarca Abraham en Mesopotamia y va conectando a todos sus descendientes hasta llegar a su Majestad Real, Jesús de Nazaret, el Mesías. Jesucristo es declarado el heredero legítimo de los dos grandes pactos que Dios estableció en la antigüedad con Abraham y David. Además, Jesús es el Gran Profeta del que habló Moisés, a quien ellos traicionaron y asesinaron vilmente.
Antes de morir, Esteban vio la gloria de Jesucristo y lo declaró como el Hijo del Hombre, de quien profetizó Daniel: «Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido» (Dn 7:13-14).
Pero, ¿por qué Esteban vio al Hijo del Hombre de pie y no sentado a la diestra de Dios? Jesús, el Dios del universo, se pone de pie para honrar a su hijo, su amigo y su siervo que lo está honrando con su fidelidad hasta la muerte. En Esteban no hubo rencor ni deseos de venganza cuando lo arrastraron fuera de la ciudad para apedrearlo; al contrario, mostró compasión y perdón hacia sus verdugos. Y tú, ¿eres un hijo de Dios? ¿Qué verás antes de morir? ¿Se pondrá de pie el Hijo del Hombre para honrar tu llegada a la gloria celestial? ¡Piénsalo!
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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