EL PADRE DE LOS CREYENTES
EL PADRE DE LOS CREYENTES
«Pues las Escrituras nos dicen: "Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe"» (Ro 4:3 NTV).
Abraham y Sara vivían en Ur de Caldea (Mesopotamia) cuando Dios los llamó a dejarlo todo y trasladarse a Canaán, una región que se encontraba a unos mil kilómetros de distancia de su tierra natal. Dios les hizo tres grandes promesas: tierra, descendencia y bendición. Abraham, que en ese entonces tenía unos 75 años, y Sara, unos diez años menos, creyeron en la promesa del Señor y partieron. Dios aceptó su fe y los declaró justos. Ser «justificado» significa ser declarado justo, sin culpa, e inocente. Así, Abraham, quien era un hombre pecador y condenado al infierno como cualquier otro, fue declarado justo por su fe en la promesa de Yahweh. ¡Qué grandioso!
Este versículo se encuentra en una sección de la epístola a los Romanos donde Pablo explica la justificación por la fe, presentando uno de los mejores ejemplos de la historia: la fe de Abraham. Abraham no fue justificado delante de Dios por obras de justicia que él hubiera hecho, ya que aún no se había dado la Ley ni él había sido circuncidado. Simplemente creyó y obedeció la Palabra del Señor, y eso fue suficiente. Aunque la promesa de tener un hijo tardó veinticinco años en cumplirse —lo que ocurrió cuando Abraham tenía cien años—, él ya había sido justificado. Su fe lo sostuvo firme hasta ver cumplida la promesa de su descendencia. Esta fe no solo le otorgó vida eterna, sino también el título de «padre de los creyentes».
Hoy en día, nosotros también somos justificados por la fe en Jesucristo. «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que no cree en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él» (Jn 3:18; 1 Jn 5:12). A partir de ahora, después de leer esta breve reflexión, creer en Jesús será la única obra que podrá salvarte y llevarte al cielo. Por otro lado, no creer en Jesús ni en su evangelio será el único pecado que te condenará al infierno. ¡Qué maravillosa promesa para los creyentes, pero qué terribles palabras para los incrédulos! Dios te da hoy la oportunidad de tomar una decisión, y anhelo con todo mi corazón que no la desaproveches: cree en Jesucristo y sé salvo, tú y tu casa.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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