BUENA, AGRADABLE Y PERFECTA
BUENA, AGRADABLE Y PERFECTA
«Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. Que sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo. No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta» (Ro 12:1-2 NTV).
Nos encontramos en la sección de la epístola donde Pablo aplica el evangelio a la vida práctica. Muchos creyentes romanos desconocen cómo adorar a Dios en espíritu y en verdad, entendiendo que nosotros mismos somos el altar de Dios y nuestros cuerpos la ofrenda. Ahora bien, ¿qué significa ofrecer nuestros cuerpos en una adoración diaria? Significa no «conformarnos» al mundo, como el camaleón que se adapta al entorno, ajustándose a los valores y deseos del mundo. En cambio, el creyente debe ser «transformado» por medio del Espíritu, como la oruga que se convierte en mariposa, adoptando los valores y virtudes del carácter de Cristo.
El creyente que coquetea con las costumbres de este mundo se convierte en enemigo de Dios. Por el contrario, quien ofrece su cuerpo diariamente como sacrificio vivo y santo experimenta en carne propia que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Sin embargo, podemos preguntarnos: si Juan el Bautista y Jesús ofrecieron sus cuerpos en sacrificio vivo, y uno terminó decapitado y el otro crucificado, ¿es eso realmente bueno, agradable y perfecto? La respuesta es un rotundo SÍ. Muchas veces, la voluntad de Dios nos llevará por caminos difíciles, pero el final siempre será glorioso y de gran bendición para otros. La muerte de Juan no fue trágica, sino inspiradora, ya que preparó brillantemente el camino del Mesías. Y Jesús, con su sacrificio en la cruz del Calvario, nos ofreció una salvación eterna.
La vida en el Señor es realmente fantástica y muy productiva. No es de extrañar que el salmista declarara: «El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado» (Salmo 40:8). Por el contrario, la vida que el mundo ofrece es aburrida, predecible y estéril. Los premios y reconocimientos terrenales son efímeros, pero quien hace la voluntad de Dios permanecerá para siempre, y sus glorias serán eternamente reconocidas.
El que vive para cumplir el propósito de Dios es sabio, mientras que quien persigue las bagatelas del mundo es necio. Por lo tanto, si hasta ahora tu vida ha sido un cúmulo de fracasos y errores, hoy puede cambiar radicalmente de rumbo. Si crees en Jesús, todo será diferente y significativo a partir de ahora. Reflexiona sobre esta frase: si entronizas a Jesús en tu corazón, solo tengo una palabra más para ti: ¡Victoria!
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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