OREN A DIOS POR MÍ
OREN A DIOS POR MÍ
«Mis amados hermanos, les pido encarecidamente en el nombre de nuestro Señor Jesucristo que se unan a mi lucha orando a Dios por mí. Háganlo por el amor que me tienen, ese amor que el Espíritu Santo les ha dado» (Ro 15:30 NTV).
La Iglesia de Jesucristo puede involucrarse en las misiones transculturales de tres maneras: orando, ofrendando y yendo. Los misioneros, incluso el apóstol Pablo, enfrentan una lucha constante y desafiante tanto en sus vidas personales como en sus ministerios. El misionero no es un "llanero solitario" que recorre diferentes lugares predicando sin necesidad del apoyo de otros hermanos en oración. Orar por los misioneros no hará que su ministerio en el campo sea más fácil, pero sí lo hará más fructífero.
La metáfora más hermosa que utiliza el apóstol para referirse a la iglesia es la del cuerpo humano, formado por muchos miembros interdependientes: algunos se encargan de alimentar el cuerpo, otros de oxigenarlo y otros de movilizarlo. De manera similar, la obra misionera transcultural es una tarea conjunta de toda la Iglesia. Algunos son llamados a ir al campo misionero, otros contribuyen con ofrendas para sostener a los que predican, y la mayoría permanece en casa desempeñando la noble tarea de orar por la vida y el trabajo de quienes ofrendan, así como por la provisión de Dios para suplir las necesidades de los misioneros.
El apóstol Pablo necesitaba libertad y recursos económicos para predicar en España, pues su visión era llevar el poderoso mensaje del evangelio de Jesucristo hasta el extremo occidental del Mediterráneo. Satanás, como principal enemigo de los misioneros, se opone tenazmente al avance del reino de Dios en la tierra y busca impedir que los incrédulos escuchen las buenas nuevas de salvación. Sin embargo, el poder y la influencia de Satanás se ven significativamente restringidos cuando el pueblo de Dios ora.
Por lo tanto, sería maravilloso que hoy mismo investigues sobre el trabajo que está realizando algún misionero, lo apoyes con tus oraciones y le envíes una ofrenda para que continúe su ministerio. Jesús prometió que quienes participen con sus ofrendas en el trabajo misionero recibirán también los frutos de su cosecha. Así que anímate, sé parte activa de esta labor trascendental e invierte tu esfuerzo, tu dinero y tu vida en una obra cuyas ganancias perdurarán eternamente.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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