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VICTORIA FINAL Y GLORIA ETERNA: EL CORDERO REINA PARA SIEMPRE

✝️ VICTORIA FINAL Y GLORIA ETERNA: EL CORDERO REINA PARA SIEMPRE

«Aquel que es el testigo fiel de todas esas cosas dice: "¡Sí, yo vengo pronto!". ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús! Que la gracia del Señor Jesús sea con el pueblo santo de Dios» (Apocalipsis 22:20-21 NTV).

En los versículos finales del libro de Apocalipsis, Dios le revela al apóstol Juan el desenlace glorioso e inapelable de la historia humana: Jesucristo es el vencedor absoluto sobre Satanás, el Anticristo y el Falso Profeta. No hay suspenso ni incertidumbre en el plan divino. El triunfo del Cordero no es parcial ni simbólico, sino total, definitivo y eterno. Al final de los tiempos, los justos que creyeron, perseveraron y confiaron en Él participarán plenamente de esa victoria.

Babilonia, la capital mundial de la idolatría, del sistema religioso, político y económico rebelde contra Dios, es descrita como la gran ramera que embriagó a las naciones con sus fornicaciones espirituales. Su caída es repentina, irreversible y devastadora. Ha sido arrasada sin posibilidad de restauración. La sangre de los siervos del Señor, derramada a lo largo de los siglos por causa de la verdad y del testimonio de Jesucristo, ha sido finalmente vengada. Dios demuestra que no es indiferente al sufrimiento de su pueblo ni olvida a quienes dieron su vida por fidelidad a Él.

La Iglesia, la novia del Cordero, redimida por su sangre preciosa, que caminó por este mundo entre persecuciones, pruebas, lágrimas y luchas espirituales, llega por fin al momento más esperado de su historia: las Bodas del Cordero. Se le concede vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente, símbolo de la justicia otorgada por Cristo y de una santidad que no es mérito humano, sino regalo de la gracia divina. La novia es presentada con honra y gozo ante el Padre celestial. ¡Aleluya! El sufrimiento ha terminado; la comunión perfecta comienza.

Entonces aparece el Jinete del caballo blanco, llamado Fiel y Verdadero, aquel que juzga y pelea con justicia. De su boca sale una espada aguda, símbolo de su Palabra poderosa e irresistible. Con ella derrota a los reyes de la tierra que se levantaron contra Dios y marcharon contra Israel. El Anticristo —la Bestia— y el Falso Profeta —instrumento del engaño religioso— son apresados y lanzados vivos al lago de fuego que arde con azufre. Ellos inauguran ese lugar de tormento eterno, preparado originalmente para Satanás y sus demonios. Allí también pasarán la eternidad todos aquellos que rechazaron a Cristo, se avergonzaron de su nombre y rindieron adoración a la Bestia. ¡Qué destino tan trágico e inevitable espera a los incrédulos!

La verdad es clara: nunca existió ni la más mínima posibilidad de que la trinidad satánica derrotara al Cordero de Dios. Dudar del poder, la autoridad y la victoria de Jesús de Nazaret es un absurdo espiritual. Todos los que han creído en Él ya han sido declarados vencedores por la fe y están destinados a reinar con Cristo durante mil años sobre la tierra, participando de su gobierno justo y glorioso.

Y ahora la pregunta inevitable: ¿en qué o en quién confías para tu salvación? Jesús prometió volver pronto. Su palabra es fiel y verdadera. ¿Estás preparado para encontrarte con Él? ¿Sigues pensando que el Apocalipsis es una ficción anticuada escrita por discípulos del primer siglo? ¿No percibes que los acontecimientos actuales del mundo parecen anunciar, con creciente claridad, la cercanía de la parusía, el glorioso regreso del Señor? ¿Terminarás otro año con el corazón vacío, los sueños rotos y la mente oscurecida por la incertidumbre? ¿Te conformarás con vivir como un derrotado crónico, postergando la decisión más importante de tu vida? ¿Qué ganas al aplazar tu confesión de fe, al no reconocer a Jesús como tu Señor y creer en Él como tu Salvador?

Que la gracia de Dios te conduzca hoy a Cristo, ilumine tu entendimiento y te permita terminar el año —y la vida— en victoria eterna.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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