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JESÚS, UN SUMO SACERDOTE SUPERIOR, ETERNO Y PERFECTO



✝️ JESÚS, UN SUMO SACERDOTE SUPERIOR, ETERNO Y PERFECTO

«Tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos» (Hebreos 7:26 RV95).

En la reflexión de hoy meditamos en la absoluta superioridad del sumo sacerdocio de Jesucristo, una verdad central del evangelio que afirma la suficiencia total de su persona y de su obra redentora.

1. Jesús es Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec

Jesús no fue sacerdote conforme al orden de Aarón, ya que pertenecía a la tribu de Judá, y Moisés jamás estableció que de dicha tribu debieran proceder los sacerdotes (Hebreos 7:14). Sin embargo, su sacerdocio no depende de genealogía humana ni de una ley carnal, sino del poder de una vida indestructible (Hebreos 7:16). Así como Melquisedec aparece en Génesis sin registro de padre, madre o linaje sacerdotal, Cristo ejerce un sacerdocio superior, celestial y eterno, establecido directamente por juramento divino (Salmo 110:4). Su autoridad sacerdotal no es temporal ni transferible: es única y definitiva.

2. Jesús es Rey de Justicia y Rey de Paz

El nombre «Melquisedec» significa rey de justicia, y como rey de Salem —palabra emparentada con shalom— también es rey de paz. Estas dos realidades se cumplen de manera perfecta en Jesucristo. Él no solo ama la justicia: Él es justo. No solo proclama la paz: Él es nuestra paz (Efesios 2:14). Su reino se edifica sobre la justicia que satisface la santidad de Dios y sobre la paz que reconcilia al pecador con su Creador. Donde Cristo reina, la justicia y la paz se besan (Salmo 85:10).

3. Jesús bendice los diezmos desde el cielo

La Escritura enseña que el que bendice es superior al que recibe la bendición (Hebreos 7:7). Abraham, el patriarca portador de las promesas, reconoció la autoridad espiritual de Melquisedec al entregarle el diezmo de todo lo ganado en la batalla (Génesis 14:18–20). Este acto revela que el sacerdocio de Melquisedec —y por extensión el de Cristo— es superior al levítico. Aun Leví, quien siglos después recibiría los diezmos por mandato de la ley, puede decirse que diezmó en Abraham, pues estaba en sus lomos. Hoy, Jesús, nuestro Sumo Sacerdote exaltado, recibe y bendice desde el cielo, no como un mero receptor de ofrendas, sino como el Señor glorificado que gobierna su Iglesia.

4. Jesús es Sumo Sacerdote eterno

Los sacerdotes del orden de Aarón eran muchos, porque la muerte les impedía continuar en su ministerio. Su sacerdocio era limitado y transitorio. Cristo, en cambio, vive para siempre y posee un sacerdocio inmutable (Hebreos 7:23–24). Él no necesita sucesor, no puede ser reemplazado ni cesa en su función. Su intercesión es constante, eficaz y eterna. Por eso puede salvar completamente a los que por Él se acercan a Dios (Hebreos 7:25).

5. Jesús es un Sumo Sacerdote santo y su sacrificio es perfecto

Los sacerdotes levitas debían ofrecer sacrificios diarios, primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Eran hombres frágiles, necesitados de misericordia. Jesús, en cambio, es santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y exaltado sobre los cielos (Hebreos 7:26). Su sacrificio no fue repetido ni provisional. Él se ofreció a sí mismo una vez y para siempre, logrando una redención eterna. En la cruz, Cristo no solo cubrió el pecado: lo quitó. Su obra es perfecta, suficiente e irreversible.

Y ahora, la pregunta inevitable es personal: ¿Ya has confesado tus pecados a Jesucristo? ¿Descansas únicamente en la obra consumada de la cruz para tu salvación? ¿Es Jesús tu Sumo Sacerdote vivo, que intercede por ti delante del Padre? Si no puedes responder afirmativamente, hoy es el día aceptable, hoy es el día de salvación (2 Corintios 6:2). No endurezcas tu corazón. Mañana podría ser demasiado tarde, pero hoy la gracia de Dios aún te llama.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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