CUANDO DIOS TE LLAMA... ¡NO HAY EXCUSAS!
📜 CUANDO DIOS TE LLAMA... ¡NO HAY EXCUSAS!
«El Señor me dio el siguiente mensaje: “Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre; antes de que nacieras, te aparté y te nombré mi profeta a las naciones”» (Jeremías 1:4-5 NTV).
El profeta Jeremías era hijo del sacerdote Hilcías, oriundo de Anatot, una pequeña ciudad situada en la tierra de Benjamín, a unos pocos kilómetros al norte de Jerusalén. Su linaje sacerdotal no le libró de una misión sumamente difícil: proclamar la verdad de Dios en tiempos de decadencia moral, política y espiritual. Jeremías recibió el ministerio profético en una de las etapas más sombrías de la historia de Judá, justo en el ocaso de su existencia como reino independiente. Su servicio se extendió a lo largo de los reinados de Josías, Joacim y Sedequías, hasta presenciar la tragedia nacional: la destrucción de Jerusalén y la deportación de sus habitantes a Babilonia en el año 586 a.C.
Cuando Dios le entregó su primer mensaje en el año 627 a.C., Jeremías apenas rondaba los 20 años de edad. A los ojos de la sociedad y a los suyos propios, era un «niño» para tan grande responsabilidad. No se sentía preparado para ir a donde Dios le enviara ni para proclamar con valentía lo que Él le dijera. Además, conocía bien el peligro: los israelitas solían rechazar a los profetas que denunciaban el pecado, llegando incluso a perseguirlos y apedrearlos, tachándolos de «pájaros de mal agüero».
Sin embargo, Dios, con ternura y firmeza, le quitó toda excusa y llenó su corazón de valor. Le prometió su compañía constante y su protección inquebrantable. Mientras su misión no concluyera, Jeremías sería «inmortal», no porque fuese invencible por sí mismo, sino porque estaba en las manos del Todopoderoso. Además, Dios le recordó que las palabras que pronunciaría no serían producto de su ingenio ni de sus emociones, sino de la revelación directa del Señor. Con esta autoridad divina, Jeremías sería enviado no solo a Judá, sino a las naciones, para «arrancar y destruir» todo lo que se opusiera a Dios, y «plantar y edificar» lo que glorificara su nombre.
La noticia prominente para nosotros hoy es que Dios sigue obrando de la misma manera. Él también tiene planes magníficos para ti: planes que superan tus expectativas y que no dependen de tu edad, nivel académico o habilidades humanas. Te ha escogido para llevar buenas noticias, para ser luz en medio de la oscuridad, para desarraigar el odio y la injusticia, y para sembrar amor, paz y esperanza en un mundo desesperado. No estás solo: la compañía de Dios es real, poderosa y fiel.
La mies es mucha y los «Jeremías» son pocos. Hoy, el llamado de Dios resuena en tu corazón. Tal vez te sientas pequeño, inexperto o inseguro, pero recuerda que el poder y la autoridad no provienen de ti, sino de Aquel que te envía. Así que levántate, toma valor y dile al Señor con todo tu corazón: «Heme aquí, envíame a mí».
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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