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¡TODO MENOS DIOS ES NADA!

🎯 ¡TODO MENOS DIOS ES NADA! 🌪️

«Por lo tanto, llegué a odiar la vida, porque todo lo que se hace aquí, bajo el sol, es tan complicado. Nada tiene sentido, es como perseguir el viento» (Ec 2:17 NTV).

El mensaje del libro de Eclesiastés es tan claro como contundente: ¡fuera de Dios, nada —absolutamente nada— tiene sentido ni valor duradero! El rey Salomón, uno de los personajes más sabios y poderosos de la historia bíblica, vivió la experiencia de conocer a Dios de forma íntima y profunda. Disfrutó de una dulce comunión con el Señor, quien le otorgó sabiduría incomparable y privilegios únicos. Llegó incluso a dialogar con Él cara a cara. Sin embargo, con el tiempo, su corazón fue seducido por el poder, la fama, las riquezas y las mujeres. Poco a poco, se fue alejando de Aquel que le había dado todo, para entregarse a una búsqueda frenética de satisfacción en los placeres terrenales.

Salomón decidió explorar todos los rincones del mundo conocido, y no escatimó recursos ni estableció límites. Lo tuvo todo: entretenimiento, conocimiento, conquistas amorosas, lujos, arquitectura majestuosa, jardines esplendorosos, colecciones exóticas, una corte refinada y espectáculos deslumbrantes. Amasó tesoros incalculables, formó una corte de siervos a su servicio y degustó los manjares más refinados. Sin embargo, al final de su viaje, todo se redujo a una amarga confesión: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad» (Ecl 1:2). Nada de lo terrenal llenó el vacío existencial de su alma.

El mismo camino de desilusión que recorrió Salomón es transitado a diario por millones de personas que viven de espaldas a Dios. La historia se repite generación tras generación: buscamos sentido en cosas que no lo tienen, invertimos nuestras fuerzas en logros temporales y pretendemos calmar el alma con lo que solo puede intoxicarla más. Como bien dijo el célebre escritor cristiano C. S. Lewis: «Dios no puede darnos paz y felicidad aparte de sí mismo, porque no existe tal cosa».

La sabiduría espiritual también resuena en las palabras de Corrie ten Boom: «Si miras al mundo, estarás angustiado. Si miras dentro de ti mismo, estarás deprimido. Pero si miras a Dios, estarás en paz».

Eclesiastés no es un libro pesimista, como algunos piensan. Es, en realidad, un llamado urgente a encontrar el verdadero propósito de la vida más allá de lo material. Al final de su búsqueda, Salomón llegó a una conclusión luminosa y jubilosa: ¡Dios es el todo del hombre! Es la respuesta a nuestras preguntas más profundas, la fuente de gozo verdadero, el pan que sacia el hambre del alma y el agua viva que calma la sed espiritual. Es la luz que disipa las tinieblas, la brújula que orienta el rumbo de nuestra vida y la compañía que da sentido incluso al silencio.

El teólogo y escritor John Piper lo expresó de forma sublime: «¡Que el deleite infinito y eterno de Dios en el mismo Dios pueda fluir ahora en nosotros a través del Espíritu Santo! ¡Esa es nuestra gloria y nuestro gozo!».

En conclusión, Salomón aprendió por experiencia que la vida sin Dios es un espejismo que se desmorona. A nosotros, Dios nos ofrece aprender por sabiduría, no por frustración. ¡Vivamos centrados en Él, y entonces todo lo demás tendrá sentido!

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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