Youtube

LEJOS DE DIOS, CERCA DEL DESASTRE

LEJOS DE DIOS, CERCA DEL DESASTRE

«Aun durante este tiempo de dificultades, el rey Acaz siguió rechazando al Señor» (2 Cr 28:22 NTV).

Acaz fue el duodécimo rey de Judá y reinó dieciséis años en Jerusalén. Sin embargo, lejos de seguir el ejemplo justo de su antepasado David, se entregó a la idolatría y a prácticas paganas detestables. Rindió culto a Baal, quemó incienso en altares paganos y, en un acto de extrema perversión, sacrificó a su propio hijo en el fuego. Por su rebeldía, Dios permitió que el rey Peka de Israel lo derrotara en batalla, matando en un solo día a ciento veinte mil valientes guerreros de Judá y llevando cautivo a un gran número del pueblo hasta Damasco.

El pecado de Acaz no solo trajo consecuencias personales, sino también nacionales. Como había conducido al pueblo a la infidelidad espiritual, Dios permitió que Judá fuera asaltado y devastado por los ejércitos de Israel, Edom y los filisteos. Aun así, Acaz no buscó al Señor. En su desesperación, recurrió al rey Tiglat-pileser de Asiria, quien no solo no lo ayudó, sino que lo humilló aún más, saqueando los tesoros del templo del Señor, del palacio real y de las casas de los oficiales.

Y en lugar de arrepentirse, Acaz agravó su culpa: ofreció sacrificios a los dioses de Damasco, creyendo neciamente que, si habían dado victoria a sus enemigos, podrían también dársela a él. ¡Qué error tan trágico! Fue la gota que derramó el cántaro. Dios apartó su protección, y tanto Acaz como Judá cayeron en una ruina profunda.

Esta historia nos deja una gran lección. El amor de Dios es inagotable, pero su paciencia no es eterna. Dios nos llama una y otra vez con ternura, nos advierte con amor, nos corrige con firmeza, y espera que volvamos a Él. Pero cuando endurecemos el corazón y preferimos los ídolos modernos—el poder, el dinero, el placer, el orgullo—acabamos en el mismo abismo que Acaz.

No sigas ese camino. Hoy es el día de clamar al Señor. Humíllate ante Él, y Él te levantará. Renuncia a los falsos dioses que te prometen mucho pero no salvan. Solo el Dios vivo puede darte paz, propósito y salvación. No esperes a que sea demasiado tarde.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

No hay comentarios

Con la tecnología de Blogger.