CUANDO DIOS VUELVE AL CENTRO
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«Todo lo que emprendió para el servicio del templo de Dios o referente a la ley y los mandamientos, lo hizo procurando buscar a Dios de todo corazón, y por eso tuvo éxito» (2 Cr 31:21 DHH).
El rey Ezequías, decimotercer monarca de Judá, es recordado por liderar un reinado próspero y profundamente espiritual. Inspirado por los ejemplos de sus antepasados Asa y Josafat, emprendió una serie de reformas religiosas que transformaron la vida espiritual del reino y restauraron la relación del pueblo con Yahweh.
En primer lugar, Ezequías se enfocó en la restauración del Templo del Señor. Su padre, el impío rey Acaz, había llevado a Judá por el camino de la idolatría: cerró las puertas del Templo, apagó las lámparas, y cesó los sacrificios y la quema de incienso. En contraste, Ezequías reabrió y reparó las puertas del santuario, lo purificó y reanudó los servicios litúrgicos conforme a la ley. Los levitas y sacerdotes fueron restaurados a sus funciones, y el pueblo, junto a músicos y cantores, se regocijó ante la presencia de Dios. Fue una renovación tanto física como espiritual.
En segundo lugar, el rey convocó a todo Israel y Judá, desde Dan hasta Beerseba, para celebrar la Pascua en Jerusalén. Esta celebración, que recordaba la liberación de Egipto, sirvió también como un acto nacional de unidad y arrepentimiento. A pesar del deterioro espiritual de las tribus del norte, muchos respondieron al llamado y acudieron con corazones humildes. La adoración conjunta provocó una gran bendición divina sobre todos los presentes.
Finalmente, Ezequías continuó purificando la tierra de toda forma de idolatría. Ordenó destruir los altares paganos, derribó las columnas consagradas a dioses falsos, eliminó los postes de Asera, e incluso rompió la serpiente de bronce que Moisés había hecho, la cual había sido objeto de adoración indebida. Organizó a los sacerdotes y levitas según las instrucciones de Moisés, y el pueblo, motivado por su liderazgo, comenzó a dar con generosidad sus diezmos y ofrendas. La abundancia de provisiones en el Templo fue reflejo de una renovación sincera del corazón.
Ezequías no solo fue un líder competente, sino también un hombre de profunda fe. Su vida demuestra que un liderazgo piadoso puede provocar un impacto duradero en una nación. Su legado es una invitación para todo creyente a volver al centro de la adoración verdadera, y confiar plenamente en el Señor, incluso en tiempos de crisis.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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