EL MAYOR PELIGRO
EL MAYOR PELIGRO
«Noé vivió 350 años después del diluvio» (Gn 9,28 NBLA).
El diluvio universal ha sido uno de los eventos más trascendentales de la historia humana. Dios manifestó su poder y soberanía al provocar una hecatombe, su gracia y amor al salvar a Noé y su familia, y su justicia al condenar a la humanidad pecadora. El pacto que Dios había hecho con Adán y Eva en el huerto del Edén (Gn 1:28) lo confirmó con Noé y su familia: «En cuanto a ustedes, sean fecundos y multiplíquense. Pueblo en abundancia la tierra y multiplíquense en ella» (Gn 9,7). Además, el Señor promovió un nuevo pacto: nunca más volvería a exterminar toda vida en el planeta mediante un diluvio, y colocó el arco iris en las nubes como señal perpetua de esta promesa (Gn 9:11-13).
El arca de Noé flotó durante 370 días mientras las aguas cubrían la tierra. Cuando finalmente salió del arca, Noé edificó un altar y ofreció holocaustos al Señor. Después, comenzó a labrar la tierra y plantó una viña. Al cosechar las uvas, hizo vino, bebió hasta embriagarse y se desnudó en medio de su tienda. Cam, su hijo, vio la desnudez de su padre y se lo contó a sus dos hermanos. Cuando Noé despertó de su embriaguez y se enteró de lo sucedido, maldijo a la descendencia de Cam: «Maldito sea Canaán; siervo de siervos será para sus hermanos» (Gn 9,24). La Escritura cierra el relato de la vida de Noé de manera concisa: «Noé vivió 350 años después del diluvio».
Napoleón Bonaparte fue un brillante estratega militar y gobernante que llevó a Francia a su apogeo a principios del siglo XIX. Sin embargo, su ambición de poder y gloria lo llevó a enfrentarse a una coalición europea en la Batalla de Waterloo (1815), donde fue derrotado. Pasó los últimos años de su vida en el exilio, en la isla de Santa Elena, donde permaneció cinco años, seis meses y 20 días hasta su muerte. Los ejemplos de Noé y Napoleón muestran cómo una sola decisión o una serie de errores pueden desviar el curso de una vida que parecía destinada a la grandeza. La consistencia en el carácter, la prudencia y la sabiduría son esenciales para mantener un legado positivo.
Este pasaje nos recuerda que la vida del creyente no termina con una sola misión o evento importante. Sin importar las proezas que el Señor haya realizado en ya a través de nosotros, debemos aprovechar cada día para amar a Dios, obedecer sus mandamientos y cumplir con su propósito, dejando un impacto positivo para las generaciones futuras. Parafraseando a Alexis de Tocqueville en su reflexión sobre las sociedades modernas: «El mayor peligro para un cristiano no es la debilidad, sino la complacencia. Es cuando cree haber alcanzado la perfección y se detiene, que comienza a declinar».

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