UN TESTIMONIO INSPIRADOR
UN TESTIMONIO INSPIRADOR
«Por lo tanto, vivan como hijos obedientes de Dios. No vuelvan atrás, a su vieja manera de vivir, con el fin de satisfacer sus propios deseos. Antes lo hacían por ignorancia, pero ahora sean santos en todo lo que hagan, tal como Dios, quien los eligió, es santo» (1 P 1:14-15 NTV).
Charles Spurgeon, el famoso predicador inglés del siglo XIX y autor de numerosos dichos célebres, escribió una vez: «Evite un evangelio de azúcar. Busque el Evangelio que rasga, que le hace brotar lágrimas, que hiere y corta su conciencia, el Evangelio que mata su "yo". Porque ese es el Evangelio que nos da vida de nuevo». Ese Evangelio del que habló Spurgeon fue el mismo que recibieron los destinatarios de la carta de Pedro: personas expatriadas y perseguidas en diversas provincias de la península de Anatolia, la actual Turquía.
Dios los había salvado mediante la fe en Jesucristo y les había prometido una herencia invaluable, pura e inmaculada, que no puede cambiar ni deteriorarse, y que está reservada en el cielo para ellos. Las duras pruebas que estaban soportando, aunque breves, demostrarían que su fe era auténtica, de la misma manera que el fuego prueba y purifica el oro. Así, su fe, al mantenerse firme en medio de tantas dificultades, les traería mucha alabanza, gloria y honra en el día en que Jesucristo sea revelado al mundo entero.
Dios nunca nos prometió una vida cristiana fácil y placentera. Jesucristo fue muy claro al afirmar que en el mundo tendríamos aflicciones, pero también nos animó a confiar, porque Él ha vencido al mundo. Padecer por ser mentiroso, ladrón o homicida no tiene ningún mérito, pero sufrir por confesar y defender la doctrina de Cristo es un honor. Incluso vale la pena dar la vida por esa causa.
Si te llevaran a los tribunales para juzgarte por ser cristiano, ¿encontrarían suficientes pruebas para condenarte? ¿Estás viviendo una vida santa delante de los hombres? Recuerda que lo que hoy es una prueba, mañana será un testimonio poderoso que alimentará e inspirará la fe de otros creyentes.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

No hay comentarios
Publicar un comentario