NUEVAS CRIATURAS
NUEVAS CRIATURAS
«Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!» (2 Co 5:17 NVI).
Nunca olvidaré el momento sublime cuando tuve a mis hijos por primera vez en mis brazos: nuevas criaturas, únicas, benditas y con propósitos maravillosos para sus vidas. De manera similar, cuando creemos en Jesús, ocurre un nuevo nacimiento. El Espíritu Santo obra milagrosamente una regeneración espiritual. Aunque por fuera seguimos luciendo igual, en nuestro ser interior ha ocurrido una metamorfosis, es decir, una transformación irreversible. Somos convertidos en hijos de Dios a la imagen de su Hijo divino, y no solo nos concede las riquezas y bendiciones de Cristo, sino también su misma naturaleza.
¡Wow! ¡Eso es grandioso! Al momento de creer en Jesús, las superabundantes bendiciones de Dios le son acreditadas al creyente, quien es hecho hijo de Dios por la fe en Cristo. Todo lo que Él tiene pasa a ser del creyente: su justicia, sus recursos, su privilegio, su posición y su poder. Ese pecador empedernido y condenado al infierno que era hace un nanosegundo, ahora se ha convertido en un «heredero de Dios» y un «coheredero con Cristo». Podría dedicar el resto de la eternidad a tratar de explicar este milagro y aún no lograría hacerlo, porque todo aquel que nace del Espíritu Santo es como el viento: sopla de donde quiere, escuchamos su sonido, pero no sabemos de dónde viene ni a dónde va.
Las cosas viejas como blasfemar, robar, insultar y emborracharse quedan atrás; ahora, he aquí, todas sus obras son hechas nuevas. El creyente, ahora, adora a Dios, trabaja con sus manos, vive en paz con sus vecinos y provee sabiamente para su familia. ¿Qué ocurrió en esa persona para que una oración de fe, breve y sencilla, provoque una conversión moral y espiritual de 180 grados? ¡El nuevo nacimiento en Cristo! Pablo mismo fue testigo de este nuevo nacimiento: de ser un brutal perseguidor de la iglesia, se convirtió en un fiel predicador del evangelio. Un encuentro personal con Jesucristo transformó radicalmente todo: sus hábitos, valores, relaciones, metas y su destino eterno.
Y tú, mi amigo, ¿ya naciste de nuevo? ¿Has creído en Jesús como tu Salvador? ¿Has experimentado ese cambio radical en tu ser interior que solo el Espíritu Santo puede hacer? Recuerda: el que solo nace una vez, muere dos veces (la muerte física y la muerte segunda, que es la condenación en el infierno). Pero el que nace dos veces, solo muere una vez. ¿Te gustaría creer en Jesús y nacer de nuevo hoy mismo? Ora de la siguiente manera:
«Jesús, creo en ti. Perdona mis pecados. Dame tu Espíritu y obra en mí un nuevo nacimiento. Amén».
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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