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¿NAVIDAD O VANIDAD?

¿NAVIDAD O VANIDAD?

«Les anunciamos al que existe desde el principio, a quien hemos visto y oído. Lo vimos con nuestros propios ojos y lo tocamos con nuestras propias manos. Él es la Palabra de vida. Él, quien es la vida misma, nos fue revelado, y nosotros lo vimos; y ahora testificamos y anunciamos a ustedes que él es la vida eterna. Estaba con el Padre, y luego nos fue revelado. Les anunciamos lo que nosotros mismos hemos visto y oído, para que ustedes tengan comunión con nosotros; y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo» (1 Jn 1:1-3 NTV).

El reconocido teólogo estadounidense Tim Keller dijo una vez: «Los fundadores de todas las religiones dijeron: "Te mostraré cómo encontrar a Dios". Jesús dijo: "Yo soy Dios y he venido para encontrarte a ti"». La Navidad es la celebración de la encarnación del Verbo de Dios. Dios se reveló a los hombres a través de la vida de su Hijo Jesucristo y juzgó para siempre el pecado en su cuerpo mortal. En otras palabras, y citando al mismo autor: «La Navidad te está diciendo que tú nunca serías capaz de llegar al cielo por tu cuenta. Dios tuvo que venir a ti».

El filósofo suizo Jean Vanier escribió: «En el principio, antes de todas las cosas, existió comunión: comunión entre Dios y el Logos. En un momento del tiempo, el Logos fue hecho carne y entró en la historia. Él vino a conducirnos a todos a esta comunión, que es la misma vida de Dios». Cuando el apóstol Juan escribió su carta, daba testimonio de lo que había visto y oído: su nueva vida en Cristo, de la dulce comunión que ahora gozaba con el Padre por la obra de su Hijo. Dios, quien no tiene ni principio ni fin, entró en el tiempo y el espacio.

¿Qué ocurrió exactamente en esa primera Navidad? No lo sabremos con total precisión, pero el famoso escritor irlandés C. S. Lewis, autor de la saga Las crónicas de Narnia, explicó: «Hubo una vez en el mundo un establo, y en ese establo, algo más grande que el mundo entero». Por ello, podemos estar de acuerdo con la declaración del pastor Ralph W. Sockman: «La historia gira sobre la bisagra de la puerta en Belén».

Y tú, ¿puedes afirmar que Jesús es tu Señor y Salvador? ¿Puedes, en esta Navidad, pararte delante de los tuyos y dar testimonio de que Jesús ocupa el centro de tu corazón? ¿Puedes confesar que tu vida está sometida al señorío de Cristo y que ahora vives para la gloria de su nombre? Si no puedes responder afirmativamente a esas tres preguntas, te animo a que creas en Jesús ahora mismo y disfrutes plenamente de la Navidad. Recuerda: la Navidad con Cristo es felicidad; la Navidad sin Cristo es vanidad.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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