CARIÑOSO Y HOSPEDADOR
CARIÑOSO Y HOSPEDADOR
«Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente» (3 Jn 2 NVI).
La tercera carta del apóstol Juan fue dirigida a Gayo, un líder fiel y generoso de la iglesia local, conocido por su ternura y bondad hacia los predicadores itinerantes, cualidades que eran notorias en toda la región. Gayo es una transliteración del nombre personal romano Gaius o Caius, que significa "terrateniente" o "señor". Es muy posible que este hermano Gayo fuera el creyente de Corinto que fue bautizado por el apóstol Pablo (1 Co 1:14) y que se menciona en los saludos finales de la epístola a los Romanos (Ro 16:23). Según Pablo, Gayo tenía la preciosa virtud de ofrecer hospedaje tanto a él como a toda la iglesia.
Los evangelistas itinerantes eran predicadores que recorrían pueblo tras pueblo llevando el mensaje del evangelio. Buenos hermanos como Gayo les ofrecían hospedaje, alimentación y apoyo económico para que pudieran continuar su viaje al próximo destino. Estos maestros de la Palabra, atendidos con esmero por Gayo, reconocieron su fidelidad a Cristo y que vivía de acuerdo con la verdad. Esta noticia llegó a los oídos de Juan, llenando su corazón de alegría al saber que sus hijos en la fe seguían caminando en la verdad.
Gayo servía a sus huéspedes con atención y una sincera amistad, proveyendo para sus necesidades materiales. Esto era especialmente importante porque los misioneros del Señor no aceptaban ofrendas de los incrédulos. Así, la iglesia cumplía su deber de apoyar el ministerio de estos predicadores, permitiendo que el evangelio se extendiera cada día por todo el Imperio Romano.
¡Qué hermoso testimonio de fidelidad y generosidad nos dejó nuestro querido hermano Gayo! Sin buscar reconocimiento ni propaganda, apoyaba a los siervos del Señor que predicaban su bendita Palabra. Tal vez Gayo no era un gran predicador ni un evangelista de multitudes, pero sus ofrendas se unían estratégicamente a la labor de quienes sí lo eran. Por lo tanto, en el Tribunal de Cristo recibirán la misma recompensa: los predicadores y quienes los sostuvieron con sus ofrendas. Amén.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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