FIRMES EN LA ESPERANZA
FIRMES EN LA ESPERANZA
«Mantengámonos firmes sin titubear en la esperanza que afirmamos, porque se puede confiar en que Dios cumplirá su promesa» (He 10:23 NTV).
La salvación pertenece a Dios. Su magnífico plan de salvación se ha cumplido a la perfección. La vida del hombre está en la sangre, y sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. La sangre de Jesús fue derramada en la cruz, y ahora podemos entrar confiadamente en el Lugar Santísimo. Hay un nuevo camino al Padre, un camino que da vida, pues contamos con un gran Sumo Sacerdote que gobierna la casa de Dios. Esa es nuestra esperanza.
El historiador griego Plutarco dijo una vez: «La esperanza es el océano para el río, el sol para los árboles y el cielo para nosotros». De igual manera, podemos afirmar que la esperanza del cristiano es firme, porque ha sido construida por Cristo con cimientos inquebrantables. Como escribió Aristóteles: «La esperanza es un sueño despierto», así también el creyente avanza con los ojos abiertos y convencido en Cristo, nuestro guía hacia la eternidad. Aunque atraviese pasajes oscuros, no teme ni se desanima, porque, como afirmó Charles Spurgeon: «La esperanza, en sí misma, es como una estrella: no se ve a la luz del sol, pero brilla en la oscuridad».
¿Y tú? ¿Estás seguro de que irás al cielo? ¿En qué, o en quién, está fundamentada tu esperanza de salvación y vida eterna? Jesús afirmó: «Yo soy la luz del mundo. Si ustedes me siguen, no tendrán que andar en la oscuridad, porque tendrán la luz que lleva a la vida» (Jn 8:12, NTV). Por lo tanto, cree en Jesús ahora mismo, y nunca más andarás en tinieblas.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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