EN UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS
EN UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS
«Pues el Señor mismo descenderá del cielo con un grito de mando, con voz de arcángel y con el llamado de trompeta de Dios. Primero, los creyentes que hayan muerto se levantarán de sus tumbas. Luego, junto con ellos, nosotros, los que aún sigamos vivos sobre la tierra, seremos arrebatados en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Entonces estaremos con el Señor para siempre» (1 Tes 4:16-17 NTV).
Estos versículos nos enseñan tres verdades escatológicas muy importantes. En primer lugar, el apóstol Pablo afirma que Jesús vendrá por segunda vez a esta tierra. En su primera venida, el Señor Jesucristo cumplió con exactitud más de trescientas profecías del Antiguo Testamento. Por lo tanto, no hay ninguna razón humana para dudar que cumplirá las cientos de profecías, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, acerca de su segunda venida. Jesús prometió que iría a preparar un lugar para nosotros y que volvería, para que estemos con Él para siempre.
En segundo lugar, el apóstol Pablo confirma que los creyentes que hayan muerto se levantarán de sus tumbas primero, ofreciendo consuelo y esperanza a todos aquellos que ven partir a sus familiares y amigos a la eternidad antes del regreso de Jesucristo a la tierra. Los que mueren en Cristo solo duermen, esperando la resurrección gloriosa que ocurrirá cuando Él regrese. El creyente en Jesucristo nace dos veces (física y espiritualmente), pero solo muere una vez. ¡Aleluya!
En tercer lugar, el apóstol Pablo afirma que los que sigan vivos en la tierra serán arrebatados en las nubes para encontrarse con el Señor en el aire. Será una experiencia similar a la del patriarca Enoc, quien fue traspuesto para no ver muerte, o a la del profeta Elías, quien fue llevado en un carro de fuego en presencia del profeta Eliseo.
Permíteme hacerte estas preguntas finales: si el reloj profético estuviera a solo segundos de marcar las doce campanadas de la medianoche, ¿estarías preparado para reunirte con Jesús en las nubes? ¿Eres salvo por la sangre de Jesús? ¿Está tu nombre escrito en el Libro de la Vida? Cuando allá se pase lista, ¿estarás "presente" para responder cuando se diga tu nombre? Bienaventurado eres si puedes responder afirmativamente a todas estas preguntas. Y si no, hoy es el día de salvación, porque mañana puede ser que Cristo ya haya venido, y tú te hayas quedado.
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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