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BENDECIDOS A MÁS NO DAR

BENDECIDOS A MÁS NO DAR

«Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo» (Ef 1:3 NTV).

Cuando un pecador se arrepiente de sus pecados y cree en Jesús como su Salvador, es bendecido en gran manera. La gracia providencial de Dios se derrama abundantemente sobre esta persona, y el Espíritu Santo la bendice plenamente. John MacArthur afirma que estas bendiciones incluyen «su justicia, sus recursos, su privilegio, su posición y su poder». Todas las sobreabundantes bendiciones de Dios pertenecen ahora a los creyentes, quienes son sus hijos por la fe en Jesucristo, para que todo lo que Él tiene sea también de ellos.

La expresión «en Cristo» o su equivalente se repite alrededor de treinta y cinco veces en la epístola, destacando la posición privilegiada y exaltada que ahora tenemos en Jesucristo desde el día en que creímos en Él. Es una obra realizada de manera puntual en el pasado: ocurrió en el momento de nuestra conversión. Ya fuimos escogidos, predestinados, santificados, adoptados, redimidos, sellados, resucitados y sentados en los lugares celestiales con Cristo. Dios no se ha reservado ninguna bendición para sí mismo. Toda la gloriosa herencia que preparó para su Hijo la ha compartido también con nosotros, pues somos «coherederos con Cristo». ¡Aleluya!

Por esta razón, te animo, hoy más que nunca, a tomar una decisión positiva y definitiva frente a Jesucristo: cree en Él con todo tu corazón como tu Salvador y confiésalo con tus labios como tu Señor. Deja de luchar y afanarte por las migajas que el mundo ofrece, y aprovéchate de los tesoros inconmensurables y eternos del cielo por medio de la fe en Cristo. Arrepiéntete ahora mismo, cree en Jesús, y serás salvo tú y tu casa.

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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