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DULCE COMO LA MIEL

"Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado;Y dulces más que miel, y que la que destila del panal" (Salmos 19:9b-10).

En estos versículos nos damos cuenta como el salmista compara la lectura, la meditación y la memorización de la Palabra de Dios con la dulzura exquisita de la miel al paladar. En otro salmo dice: "¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca" (Salmos 119:103).

Sin embargo, la miel no es una excelente analogía de las Sagradas Escrituras sólo en su sabor, sino también porque ésta es una sustancia con un fuerte valor energético y nutritivo. La Ley de Dios produce fe, sostiene al creyente débil y pusilánime alimentando su alma y su espíritu, se la compara también con el pan que es necesario ingerirlo diariamente.

Por otra parte, la miel es un alimento imperecedero, es decir, que jamás se pudre ni se pone rancia. De igual manera la Biblia jamás pasa de moda, ya que sus principios siempre han estado vigentes en cualquier época de la historia, sus consejos y sus enseñanzas son pertinentes en cualquier país y en cualquier cultura, y por enésimo año consecutivo es el libro best seller.

Finalmente, así como la miel también tiene virtudes curativas en el cuerpo, las palabras escritas de Dios en la Biblia también curan la ignorancia de la mente y nos rehabilitan de las diferentes taras adquiridas en el hogar, en la escuela y en la calle, que afectan negativamente nuestras creencias y forman en nosotros un feo carácter.

Las Sagradas Escrituras son una verdadera antología de virguerías literarias y sapienciales, propias de su autor intelectual y divino: el Espíritu Santo. Alguien con justa razón dijo: "Lee la Biblia para ser sabio, cree la Biblia para ser salvo y practica la Biblia para ser santo".

-Carlos H. Suárez

Plan de lectura de la Biblia completa en un año:

Enero 15, 2019
Génesis 35-36
Mateo 9:35-10:15

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