La mujer y el reino de Dios
En jueces 4 y 5 leemos de varias personas y grupos que tuvieron que decidir si estaban dispuestos a arriesgarse por Dios. Israel se hallaba en una situación desesperada. Había abandonado a Jehová de nuevo y él los había entregado a otra opresión. Por veinte años habían sido explotados cruelmente por el rey Jabín y Sísara, su capitán. Era la opresión más larga que la nación había sufrido hasta esa fecha, y sería la segunda más larga en todo el libro. Por fin reconocieron su error y clamaron al Dios verdadero por socorro.
Jabín era un rey poderoso que encabezaba una confederación de reyes y cuyo ejército incluía 900 carros blindados de caballos, construidos de madera pero protegidos con láminas de hierro. La liberación requeriría de personas valientes y la primera persona que se atrevió fue una mujer. Los comerciantes estaban aterrorizados y los campesinos habían abandonado las aldeas y sus sembrados. Entonces Débora se levantó como madre protectora de su pueblo.
¿Qué podía hacer una dama frente a esa situación? Primero, llamó a Israel para que rindiera cuentas a Dios. Luego, llamó a Barac y a los varones de Neftalí y Zabulón para que retaran al ejército de Jabín. Acompañó a Barac hasta el mismo frente de batalla y, por su intervención denodada, tuvo el privilegio de presenciar la liberación, y después entonar el cántico de victoria y alabanza a Dios (Jueces 5:1,12).
El pueblo de Dios continúa amenazado por innumerables enemigos. Muchos creyentes están viviendo gobernados por sus temores y sus complejos. No han aprendido a vivir en la vida en abundancia que Jesús ofrece a todo aquel que cree en él. Urge que se levanten otras déboras, que llamen al pueblo al arrepentimiento, que convoquen a los barac (líderes) a la batalla y animen al pueblo a conquistar a sus enemigos y a ser libres de la opresión. Que Dios levante en este día otras mujeres que impriman sus nombres con detalles primorosos, como el ejemplo de Débora, en el reino de Dios.
(Tomado de Gary Williams, Dios permanece fiel, págs. 25-27).
Jabín era un rey poderoso que encabezaba una confederación de reyes y cuyo ejército incluía 900 carros blindados de caballos, construidos de madera pero protegidos con láminas de hierro. La liberación requeriría de personas valientes y la primera persona que se atrevió fue una mujer. Los comerciantes estaban aterrorizados y los campesinos habían abandonado las aldeas y sus sembrados. Entonces Débora se levantó como madre protectora de su pueblo.
¿Qué podía hacer una dama frente a esa situación? Primero, llamó a Israel para que rindiera cuentas a Dios. Luego, llamó a Barac y a los varones de Neftalí y Zabulón para que retaran al ejército de Jabín. Acompañó a Barac hasta el mismo frente de batalla y, por su intervención denodada, tuvo el privilegio de presenciar la liberación, y después entonar el cántico de victoria y alabanza a Dios (Jueces 5:1,12).
El pueblo de Dios continúa amenazado por innumerables enemigos. Muchos creyentes están viviendo gobernados por sus temores y sus complejos. No han aprendido a vivir en la vida en abundancia que Jesús ofrece a todo aquel que cree en él. Urge que se levanten otras déboras, que llamen al pueblo al arrepentimiento, que convoquen a los barac (líderes) a la batalla y animen al pueblo a conquistar a sus enemigos y a ser libres de la opresión. Que Dios levante en este día otras mujeres que impriman sus nombres con detalles primorosos, como el ejemplo de Débora, en el reino de Dios.
(Tomado de Gary Williams, Dios permanece fiel, págs. 25-27).
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