FE EN LA OSCURIDAD
FE EN LA OSCURIDAD
«Yo sé que mi defensor vive, y que él será mi abogado aquí en la tierra» (Job 19:25 DHH).
Las palabras de los amigos íntimos de Job fueron una verdadera tortura para su corazón. Lejos de ofrecer consuelo, lo insultaron repetidamente, utilizando su estado de humillación como prueba irrefutable de un supuesto pecado oculto. En lugar de abrazarlo con compasión, lo señalaron con juicio. Job, desgarrado por el sufrimiento, buscó con desesperación que Dios vindicara su inocencia. Pero el Señor guardó silencio.
En su dolor, Job sintió que Dios mismo lo había despojado de su honor, lo había inmovilizado con una enfermedad terrible y lo había sumido en la más profunda oscuridad. Además, fue objeto de desprecio por parte de todos: los niños lo ridiculizaron, sus sirvientes ya no lo reconocieron como antes, y su propia esposa no soportaba siquiera su aliento. ¡Nadie quiso escucharlo ni estar a su lado!
Sin embargo, ¿qué fue lo que mantuvo firme a Job en medio de una prueba tan devastadora? ¡La fe! Job fue un hombre de fe profunda y resistente. Creía en Dios y confiaba en que, a su debido tiempo, el Señor lo defendería delante de sus detractores. En el Nuevo Testamento, el autor de la epístola a los Hebreos define la fe como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (He 11:1), una descripción que encaja perfectamente con la actitud de Job. Aunque no entendía por qué atravesaba tantos pesares, tenía la certeza de que Dios seguía en control. Aunque no podía ver el accionar divino en medio de su tragedia, mantenía la convicción de que, al final, Dios obraría a su favor.
Oswald Chambers escribió con sabiduría: «Tener fe para ser librado por Dios no es fe. Tener fe significa que, si llega mi liberación o no, yo voy a seguir creyendo que Dios es amor». Esta afirmación resume el espíritu de Job: una fe que no depende de las circunstancias, sino que se aferra a la fidelidad de Dios, aun cuando todo parece perdido.
Siglos después, Santiago, el siervo del Señor, exaltó la paciencia de Job, recordando que en medio de la tribulación quedó comprobado que Dios es misericordioso y compasivo con quienes caminan según sus propósitos (Stg 5:11). En medio del dolor y la oscuridad, Job pudo pensar —como mucho después escribió Jürgen Moltmann—: «Yo sé que hay Alguien que me espera, que no me abandonará, que va delante de mí, que me levanta, alguien para quien soy importante».
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

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