Youtube

APROBADO POR DIOS

APROBADO POR DIOS

«Seguramente tus hijos pecaron contra él, y por eso el castigo estaba bien merecido» (Job 8:4 NTV).

Bildad fue el segundo de los tres amigos de Job que acudió a visitarlo en medio de su dolor. Al igual que Elifaz, sus palabras no trajeron consuelo alguno al corazón afligido de Job. Su discurso fue tan hiriente como el del temanita, insinuando que si Job no había pecado, entonces sus hijos sí lo habían hecho y por eso merecían su trágico destino. En resumen, tanto Bildad como Elifaz presentaron una imagen distorsionada de Dios: un ser irascible, vengativo e implacable, que castiga sin misericordia a quienes caen bajo su escrutinio.

Tales argumentos no solo eran insensibles, sino profundamente errados. Ignoraban por completo la existencia del enemigo espiritual que opera en las sombras: Satanás. Este adversario, descrito por Jesús como un ladrón que viene a robar, matar y destruir, fue el verdadero causante de la calamidad de Job. Al desestimar la actividad del diablo, los amigos de Job caen en una teología simplista, donde todo sufrimiento es interpretado como castigo divino.

Sin embargo, la opinión de Dios acerca de Job no deja lugar a dudas: «Es un hombre intachable y de absoluta integridad, que teme a Dios y se mantiene apartado del mal» (Job 1:8). Para Satanás, en cambio, Job no era más que un adulador, un hombre que solo servía a Dios porque le iba bien. Lo acusó de tener una fe interesada, condicional, y no un corazón genuinamente adorador.

¿Cómo demostrar entonces que la fe de Job era auténtica? ¿Cómo probar que su devoción a Dios no dependía de su prosperidad? La respuesta está en el núcleo del libro: Dios permitió que Satanás lo probara en todo, excepto en arrebatarle la vida. Por un tiempo, los bienes, la familia e incluso la salud de Job quedaron bajo el asedio del enemigo. Es aterrador pensarlo, pero también profundamente esperanzador: Satanás no pudo avanzar un milímetro más allá de lo que Dios le permitió.

La historia de Job nos recuerda que las pruebas no son evidencia del abandono de Dios, sino oportunidades para que nuestra fe sea refinada y validada. Como escribió Bryan Duncan: «Benditas son las lágrimas que limpian las ventanas de tu alma y corazón, y traen un gozo angelical». Dios enjugó cada lágrima de Job y lo restauró con abundancia.

Al final, lo más importante no fue la opinión de Bildad ni la de Elifaz, sino la de Dios. Job fue probado por Satanás, pero aprobado por Dios. ¡Y esa es la única opinión que realmente importa!

—Carlos Humberto Suárez Filtrín

No hay comentarios

Con la tecnología de Blogger.