RECONCILIACIÓN
RECONCILIACIÓN
«Te suplico que le muestres bondad a mi hijo Onésimo. Me convertí en su padre en la fe mientras yo estaba aquí, en la cárcel» (Flm 10 NTV).
Filemón era un hijo en la fe del apóstol Pablo, quien se había convertido en una figura importante en la iglesia de Colosas. Onésimo, por su parte, era un esclavo de Filemón que, tiempo atrás, se había escapado de su amo. Durante su encarcelamiento en Roma, Pablo tuvo la dicha de evangelizar a Onésimo y guiarlo hacia la salvación en Cristo. Entonces, Onésimo se convirtió inmediatamente en un valioso colaborador de Pablo. Aunque el apóstol deseaba retenerlo a su lado, decidió enviarlo de regreso a su amo, portando consigo una carta.
Filemón era un siervo fiel de Jesucristo que demostraba un gran amor por el pueblo de Dios. A medida que profundizaba su conocimiento del Maestro, crecía en bondad y generosidad, reanimando el corazón de los creyentes y llenando de alegría y consuelo el corazón del apóstol Pablo. Ahora, Filemón enfrentaba un gran desafío: perdonar a Onésimo, reconciliarse con él y recibirlo nuevamente en su casa, no como un esclavo, sino como un verdadero hermano en la fe de Jesucristo.
Así, Filemón perdió a Onésimo como esclavo por un tiempo, pero lo recibió de vuelta como un hermano amado para siempre. Jesucristo actúa de esta manera: no pone remiendos nuevos en trapos viejos; Él realiza una regeneración perfecta en el individuo, dejando atrás los vicios del pasado para dar paso al hombre nuevo, que aflora y crece en gracia y en buena opinión delante de los hombres. Por lo tanto, así como Dios perdonó a Filemón en Cristo, él debía perdonar también a Onésimo. Si Dios nos ha perdonado en Cristo un océano de pecados, ¿quiénes somos nosotros para no perdonar a nuestro hermano un "charco" de pecados cometidos contra nosotros?
Para concluir esta reflexión, quiero hacerte algunas preguntas: ¿Sabías que amas a Dios porque Él te amó primero? ¿Sabías que la sangre de Jesucristo te limpia de todo pecado? ¿Has experimentado el perdón de Dios? ¿Perdonas a tus hermanos cuando pecan contra ti, o les guardas rencor para siempre? Espero que puedas responder afirmativamente a todas estas preguntas. ¡Perdona y sé libre!
—Carlos Humberto Suárez Filtrín

No hay comentarios
Publicar un comentario