EL PLAN SUPREMO
EL PLAN SUPREMO
«—Ya les dije que yo soy. Si es a mí a quien buscan, déjen que estos se vayan. Esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho: "De los que me diste ninguno se perdió"» (Jn 18,8-9 NVI).
El plan supremo del Padre para la encarnación de su Hijo fue los hombres: llamar, equipar y enviar a doce discípulos a los cuatro puntos cardinales del planeta, para transformarlo mediante la predicación del evangelio y la llenura del Espíritu Santo.
Jesús convivió 24 horas al día, 7 días a la semana con sus discípulos durante un período aproximado de tres años. En ese tiempo, los amó, les enseñaron todas las cosas que debían guardar, los emppoderó derramando sobre ellos su Espíritu y los comisionó para que fueran con otros lo que Él había hecho con ellos.
Jesús convivió 24 horas al día, 7 días a la semana con sus discípulos durante un período aproximado de tres años. En ese tiempo, los amó, les enseñaron todas las cosas que debían guardar, los emppoderó derramando sobre ellos su Espíritu y los comisionó para que fueran con otros lo que Él había hecho con ellos.
Jesús se entregó por completo a sus discípulos. Les enseñaron las virtudes fundamentales del carácter cristiano: los trataron con amor, les inspiraron fe y les transmitieron esperanza. Cuando Jesús regresó a su Padre, los discípulos literalmente trastornaron el mundo entero mediante la predicación y cambiaron el rumbo de la historia para siempre.
El anhelo de Dios es que tú creas en Jesús como tu Salvador y te sometas a un proceso de discipulado. El Espíritu quiere transformar tu carácter a la imagen de Cristo, porque un discípulo que vive como Cristo es el verdadero agente de cambio en la sociedad y la esperanza de un mañana mejor.

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